Doce meses después de su estallido, la crisis global que se originó en Estados Unidos con las hipotecas basura y que supuso la nacionalización del Northern Rock mantiene a la economía y a la política del Reino Unido, uno de los países más afectados del mundo, en el temor y la incertidumbre.
Lastrado por la crisis de las "subprime", el banco hipotecario Northern Rock sufrió una crisis de liquidez que le obligó a solicitar al Banco de Inglaterra un préstamo de 26.900 millones de libras (unos 33.980 millones de euros).
Finalmente, el Gobierno se hizo cargo de la entidad de forma temporal el pasado febrero, lo que marcó un hito en la economía británica, ya que se trató de la primera compañía nacionalizada en el Reino Unido desde la década de 1970.
Ahora, doce meses después del comienzo de la crisis y seis de la nacionalización del Northern Rock, la situación tanto de la entidad como de la economía británica está lejos de mejorar.
El Northern Rock anunció esta semana unas pérdidas netas en el semestre de 592,2 millones de libras (747 millones de euros).