Últimamente se pasea por las calles el término Gobierno Corporativo. Suena novedoso y sofisticado pero Julieta Rodríguez, presidenta del Instituto de Gobierno Corporativo, afirma que no se ha inventado la rueda con este tema, pues no se trata de nada nuevo.
A grandes rasgos la expresión se refiere a las buenas prácticas que deben ejecutar los tres órganos de control en las empresas. Es decir que la junta directiva, la gerencia y los accionistas trabajen en mancuerna para alcanzar los objetivos de la corporación.
Algunas de las empresas que operan en Panamá todavía están dando los primeros pinitos, pues consideran que es algo muy complicado, explicó la ejecutiva.
En el 2006, cuando el Instituto que preside Rodríguez adquirió la personería jurídica, procedieron a aplicar una encuesta para conocer qué tanto las empresas aplicaban este término.
En ese preciso instante solo 30 empresas respondieron que aplicaban esporádicamente el gobierno corporativo dentro de la organización.
Pasados dos años, le hicieron la misma pregunta a diferentes instituciones. Sin embargo, esta vez la muestra se incrementó en más del 50%, pues en total respondieron 100 organizaciones.
“Para nosotros fue indicativo de que las empresas están capacitándose en gobierno corporativo para llevar un control más estricto de las decisiones que toman los altos mandos”, afirmó Rodríguez.
En general, lo que quiere alcanzar el Instituto de Gobierno Corporativo es trasladar a Panamá la experiencia que han alcanzado los países en donde esto se ha convertido en una rutina de todos los días.
Para comenzar, están suministrándole a las empresas interesadas en el tema una “Guía de Buenas Prácticas”.
Una de las recomendaciones que el documento contiene es que el gerente general no sea la misma persona que lidera la junta directiva, pues este último podría llevar al debate solamente los tópicos que le interesa deslindar. Cabe señalar que este fue uno de los problemas medulares que desató la crisis financiera en los Estados Unidos.
El folleto también sugiere evitar los conflictos de interés en las organizaciones.
Pero donde realmente quiere llegar Rodríguez es a implementar el código de buenas prácticas con que trabajan las empresas que se instalan en Inglaterra.
Allí se ponen en la mesa las reglas del juego y la organización que objeta alguno de los puntos tiene el deber de explicar por qué no se quiere acoger a la reglamentación.