Mientras en Europa y Estados Unidos se oyen truenos y relámpagos apocalípticos que amenazan abolir los paraísos fiscales, desde el quinto piso del edificio Balboa Plaza de Panamá, Marc Harris, en mangas de camisa y con tirantes oscuros , observa serenamente la franja de arena gris desnudada por la marea baja. Sin embargo, la marea alta va por dentro.
En un televisor en silencio destellan las letras de noticias del informativo financiero de CNN. Sobre el escritorio ejecutivo y en otros estantes, las computadoras reciben y procesan información estratégica, incesantemente.
Este hombre de negocios de 35 años, pero con aspecto de muchacho; que se precia de haberse graduado de contador a los 18 años; que empezó sus negocios con 5 mil dólares de tarjetas de crédito y que suele manejar activos por mil millones de dólares; norteamericano nacionalizado panameño, casado con una cubana, tres hijos( dos de ellos nacidos en este país) tiene oficinas en Panamá, Londres, Suiza, Mónaco, Liechtenstein, Gran Caimán, Bahamas, islas Vírgenes, Nevis y Saint Vicent, y es uno de los financistas más preparados para analizar las perspectivas desatadas por las nuevas regulaciones financieras presionadas por las potencias económicas del GAFI.
Harris asegura que él prefiere la dulzura apacible del anonimato, pero en los últimos tiempos se ha visto envuelto en ruidosos procesos judiciales y no menos estridentes campañas periodísticas, en las que no se le dio oportunidad de manifestar su posición, según remarca. Harris se crece en la polémica y no tiene pelos en la lengua para denostar a sus enemigos y para criticar a las organizaciones internacionales - la OCDE, el GAFI, el FINCEN y hasta a Estados Unidos - empeñadas en implantar sus reglas a los santuarios fiscales, con dudosa amplitud extraterritorialidad.
Es la primera vez que estamos frente a frente con Marc Harris, y es la primera vez que un medio periodístico como