Panamá posee una de las economías más prometedoras y de mayor crecimiento de América Latina, sin embargo cuenta con una mala distribución de riquezas y un alto nivel de pobreza.
En Panamá, aproximadamente 4 de cada 10 personas viven en pobreza total (36.8%) y del total de la población el 16.6%, o sea 508,700 panameños se encuentran en situación de pobreza extrema, según un informe de la Organización de la Naciones Unidas (ONU).
“La mala distribución de riquezas es consecuencia de una economía dual y debilidades institucionales”, aseguró Paulina Franceschi, coordinadora del proyecto de Informe Nacional de Desarrollo Humano de la ONU.
Explicó que en la capital se concentran altos niveles de productividad del sector terciario de la economía. Este sector es vinculado a servicios relacionados con el sector financiero, portuario y del Canal de Panamá, además es altamente competitivo y se concentra en la capital.
Mientras que en el resto de las provincias prima el sector primario de la economía, con bajos niveles de participación en el total de ingresos del país, baja productividad y salarios poco competitivos.
En las áreas urbanas del país, la pobreza total y la extrema alcanzan su menor nivel 20.0% y 4.4% de su población, respectivamente.
En las áreas rurales no indígenas, poco más de la mitad de los residentes es pobre (54.0%), y una de cada cinco personas (22.0%) se encuentra en situación de pobreza extrema.
En las áreas rurales indígenas, casi la totalidad de sus habitantes es pobre (98.4%) y el 90% de los pobladores se encuentra en pobreza extrema.
Franceschi, agregó que en Panamá hay debilidades institucionales que repercuten en las capacidades de la gente, para optar por oportunidades que mejoren su calidad de vida.
Es decir, una educación de baja calidad no les da a las personas las habilidades y conocimientos para desempeñarse como ciudadanos competitivos, lograr empleos con ingresos dignos y buenos, y por ende mejorar su calidad de vida.
También, un servicio de salud de mala calidad repercute en el rendimiento, la productividad, la esperanza de vida y la actitud de las personas.
Opinión que fue compartida por el economista Aristides Hernández, quien señaló que la ineficiencia histórica y actual de los servicios públicos, específicamente a la educación y la salud, son instrumentos básicos para salir de la pobreza.
Explicó que la pobreza y la mala distribución de las riquezas es consecuencia del gasto público históricamente ineficiente. El mismo se ha enfocado en financiar la burocracia y no en los proyectos sociales de inversión.
“Sin embargo, debo reconocer que en los últimos años se ha avanzado en este tema, con los subsidios sociales, a través de programas como la Red de Oportunidades y '100 a los 70'”, aseguró.
Informe.Recientemente, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) presentó el informe de la distribución de ingresos en los hogares de Panamá, el cual no es muy positivo.
El informe destaca una reducción de la pobreza extrema o indigencia en un 4.1%, según el sondeo realizado en el 2008, al compararse con las estadísticas del año anterior.
Sin embargo, la tercera parte de la población panameña no cuenta con los recursos suficientes para alimentarse, vestirse, educarse o gozar de salud.
El economista Rolando Gordón señaló que durante el período del 2008 se ejecutaron programas de impacto social, como la Red de Oportunidades, Impulsa Panamá, entre otros, con el propósito de ayudar a familias de bajos recursos económicos.
Agregó que estos programas se desarrollaron durante el mandato de Martín Torrijos y Mireya Moscoso.
La opinión fue apoyada por Rogelio Alvarado, director de Análisis Económico del MEF, quien además indicó que esta tendencia está fundamentada en una omisión muy significativa de las transferencias o incentivos que percibieron las personas censadas.
Solución.A través de políticas publicas diseñadas para mejorar la distribución del ingreso y minimizar los niveles de desigualdad en capacidades básicas de la gente.
Franceschi dijo que las mismas deben ser sostenibles por un tiempo de medio a largo plazo y enfocadas hacia la construcción de capacidades en la gente; es decir, el rango de cosas que la gente puede hacer.
Hernández recomendó reducir la burocracia pública para poder aumentar la inversión social, y además, hay que enfocar el gasto público.
Explicó que al enfocar el gasto social se refiere, por ejemplo, a los subsidios sociales como el tanque de gas, los "100 a los setenta" y otros, los cuales no son enfocados y son recibidos por personas que no son pobres.
En cuanto a la ineficiencia del gasto público, se refiere a gastos que no son necesarios, como compra de autos lujosos, alquileres costosos y excesos de propaganda. Este tipo de gastos excesivos limita la inversión en gastos sociales que sí son necesarios.