La recesión económica que afecta al país desde hace tres años perjudica en especial a la radio, que ha visto cómo los anunciantes restringieron su pauta a las grandes cadenas y las emisoras independientes están arrendando sus espacios.
Para afrontar la crisis se esperaba toda suerte de tácticas y ardides en la encarnizada lucha que mantuvieron por décadas las dos grandes cadenas radiales, Caracol y RCN, menos que se aliaran.
Así lo hicieron, por ejemplo, para las transmisiones de las carreras de Juan Pablo Montoya y la Vuelta a Colombia, cuando en el pasado cada una hacía derroche de tecnología y equipos humanos, en busca de la mayor audiencia posible que, a su turno, servía para atraer anunciantes. ¿Por qué? Sencillo: los anunciantes eran dinero.
Sin embargo, la crisis de la radio no perdonó a las cadenas. En su paso arrollador y despiadado, la recesión del país volvió añicos a muchos, que tuvieron que entregar espacios y señales en concesión o arrendamiento.
En esos tiempos difíciles, nacieron en junio de 1998, los canales privados de televisión. Y en el mismo año, adjudicaron 564 emisoras comunitarias. El vicepresidente de Caracol radio, Carlos Arturo Gallego, dice que ahí comenzó “el caos en las tarifas”, al pasar de “un mercado sobredemandado a uno sobreofertado”.
La televisión, como dice María Luisa Bernal, copropietaria de la tradicional emisora local Radio Santa Fe, “se regaló”. Su hermana Blanca cuenta que el presupuesto de ingresos por publicidad es hoy exactamente igual al de hace tres años.