Editorial
Papas santos
Con la canonización de Juan Pablo II y Juan XIII, el santoral del Vaticano ostenta ahora ochenta pontífices elevados a los altares. Pocas veces se ha producido
Con la canonización de Juan Pablo II y Juan XIII, el santoral del Vaticano ostenta ahora ochenta pontífices elevados a los altares. Pocas veces se ha producido un fenómeno de la dimensión del consenso universal de cardenales y feligreses en santificar a dos jefes de la Iglesia que en vida ya habían obtenido un reconocimiento por sus virtudes humanas. A esta singularidad se une otro hecho sin precedentes: un pontífice en ejercicio, el papa Francisco, y el papa emérito Benedicto XVI presidieron la ceremonia de canonización en la iglesia de San Pedro.
Vicario de Cristo, sucesor de San Pablo en el gobierno universal de la Iglesia católica, de la cual es cabeza visible, los papas representan en lo humano y en lo divino a una grey de fieles de todos los continentes. La canonización constituye una serie de reglas que permite declarar solemnemente santo y poner al papa en una instancia sagrada, antecedida por la beatificación.
Antes de Juan Pablo II y Juan XXIII, Pío X fue elevado a los altares en 1954, y son tres los pontífices proclamados santos en los últimos cien años.
Juan XXIII inició el Concilio Vaticano II considerado como la rehabilitación de la misión evangelizadora de una iglesia preocupada por la problemática social, pero sin entrar a temas políticos. El que fuera cardenal Angelo Roncalli dio la impresión de que sería un pontífice cargado de años que no se involucraría en los asuntos más controvertidos de la época.
En medio de grandes debates, Vaticano II demostró amplia capacidad para tratar reformas teológicas y sociales. Se aprobó, por ejemplo, que la misa podía desarrollarse con lenguas vernáculas y dejaron atrás el antiguo latín litúrgico que fue la lingua franca eclesiástica por siglos. Hubo variaciones en el lenguaje del Padre Nuestro y el Credo, sin cambios doctrinarios sustantivos.
El papa Juan Pablo II, de nacionalidad polaca, que se enfrentó al régimen comunista de su país y marcó una importante aproximación al movimiento sindicalista Solidaridad, salió al paso de algunos sacerdotes que se desempeñaron como ministros y funcionarios políticos, desvirtuando el sentido prístino del Concilio Vaticano II.
El cardenal alemán Ratzinger, quien como teólogo erudito asistió al Concilio Vaticano II, subrayó las líneas divisorias entre los aspectos sociales ecuménicos y los ideológicos de orden político. Después de la renuncia de Benedicto XVI, que dimitió debido a su avanzada edad y desmejoramiento físico, fue nombrado el primer papa latinoamericano Francisco, nacido en Argentina.
El ecumenismo de la Iglesia hizo posible los nombramientos de pontífices polacos, alemanes y argentinos, rompiendo la tradición italiana. Su trayectoria se caracteriza hasta el momento por el realismo crítico con el que aborda cuestiones que antaño se omitieron como los abusos sexuales de sacerdotes contra niños y adolescentes y la instrumentación de la transparencia financiera del Banco Vaticano, de conformidad con las normas bancarias internacionales.
Dos nuevos papas han ingresado a la Ciudad de Dios de San Agustín. Pero Francisco libra batallas terrenales que llevan la palabra de Dios a sitiales poco alcanzados.
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