Cuba abrió hoy el juicio contra el estadounidense Alan Gross en medio del hermetismo en torno a la vista, a la que pudo acudir la esposa de este contratista acusado de delitos contra el Estado cubano y cuyo caso supone un nuevo punto de tensión entre La Habana y Washington.
Ninguna fuente oficial cubana ofreció este viernes detalles sobre el comienzo o posible duración de este juicio que se desarrolla en un tribunal municipal de La Habana y al que no se ha permitido el acceso de la prensa extranjera acreditada en la isla.
Tampoco los asistentes a la vista hicieron declaraciones a los medios internacionales a su llegada a las dependencias judiciales, rodeadas de un visible dispositivo policial desplegado también en calles aledañas al lugar, según constató Efe.
Judy, la esposa del contratista, llegó al tribunal acompañada de dos personas, una de ellas el abogado de la familia Gross, Peter J. Kahn.
También acudieron representantes consulares de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA) y un miembro de la comunidad judía en Cuba, entre otros.
Alan Gross, de 61 años y detenido en Cuba en diciembre de 2009, es un subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid) y trabaja para la empresa Development Alternatives (DAI), con sede en Maryland, que se dedica a labores de desarrollo en otros países.
Se enfrenta a una petición fiscal de 20 años de cárcel por actos contra la independencia o la integridad territorial de Cuba, presuntamente por distribuir "sofisticados" equipos tecnológicos satelitales a comunidades judías radicadas en la isla.
Cuba sostiene que Gross se proponía alentar las actividades de subversión en la isla y ha puesto su caso como ejemplo de que Estados Unidos "mantiene intactos los instrumentos de su política de agresión" hacia la isla.
Los delitos de que se acusa a Gross están recogidos en el artículo 91 del código penal cubano donde se señala que "el que, en interés de un Estado extranjero, ejecute un hecho con el objeto de que sufra detrimento la independencia del Estado cubano o la integridad de su territorio, incurre en sanción de privación de libertad de 10 a 20 años o muerte".
Como ha hecho en numerosas ocasiones, el Gobierno de Estados Unidos volvió a reclamar hoy la liberación incondicional de Alan Gross por boca de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien insistió en que el contratista "ha sido injustamente detenido durante demasiado tiempo".
El "caso Gross" ha pasado a engrosar la sucesión de tensiones que alimentan el histórico enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos, enemistados desde hace más de 50 años.
Además, este nuevo episodio cobra una dimensión especial porque ha frenado posibles avances bilaterales tras las señales de deshielo que lanzó Barack Obama a su llegada a la Casa Blanca en 2009 cuando levantó algunas restricciones a los viajes y envíos de remesas a Cuba, objeto de un embargo económico y comercial por parte de la potencia norteamericana desde hace medio siglo.
También durante la administración Obama se han reanudado las conversaciones migratorias entre ambos países, aunque el "caso Gross" ha sido el tema "colateral" en tres de las cuatro que se han celebrado.
Entre otros, el secretario de Estado adjunto de EE.UU. para Latinoamérica, Arturo Valenzuela, ha expresado en varias ocasiones que la falta de voluntad de Cuba para liberar a Gross ha complicado el diálogo con la isla.
Sobre el desenlace del caso, algunos observadores y analistas extranjeros aventuran que las autoridades cubanas podrían devolver a Gross a su país por razones humanitarias pero después del juicio y de dictar la correspondiente sentencia condenatoria.