Con el país de nuevo el calma, para muchos ecuatorianos el 30 de septiembre ha pasado a ser un episodio más de la accidentada historia de su nación, pero los más de 200 heridos y las familias de los 10 muertos nunca lo olvidarán, por las secuelas físicas y emocionales que les dejó.
Este es el caso de David Morocho, un joven de 22 años y padre tres niños, uno de ellos recién nacido, que el 30 de septiembre fue alcanzado por una bala que le perforó parte del intestino.
Como otros miles de personas, Morocho fue ese día a las inmediaciones del Hospital policial de Quito, donde agentes sublevados tenían retenido al presidente, Rafael Correa.
El canciller, Ricardo Patiño, había instado a los ciudadanos a rescatar al mandatario.
"Estaban lanzando las bombas y yo no sé si se les acabó, nosotros estábamos manifestándonos y no sentí nada, me topé el estómago y estaba con la bala dentro" relató a Efe el joven conmocionado.
Morocho explicó que había mucha gente, por lo que no alcanzó ver quién le disparó, pero está seguro de que fue un agente "porque eran los únicos que tenían armas".
Él corrió con su hermano Cristian hasta una tienda. "Nos escondimos en un local, porque subían los policías disparando. Vimos a la gente meterse bajo de carros, en las tiendas, huyendo, las ambulancias no podían entrar por los disparos", afirmó Cristian.
Cuando el ambiente se calmó, los dos salieron y caminaron un poco hasta que David se desmayó. Un hombre les llevó con su furgoneta hasta el hospital, donde David fue sometido a una operación de cuatro horas.
Le ha quedado una cicatriz que cruza todo el estómago, sujeta con treinta puntos, y ha perdido parte del intestino, por lo que tendrá que hacer dieta el resto de su vida.
Además, le esperan tres meses de recuperación en los que no podrá trabajar. "Ahora recibo ayuda de mi mamá, no del Gobierno, ella es la que nos da el dinero para cubrir nuestras necesidades básicas de arriendo y comida", expuso la víctima.
Morocho remarcó que al principio su familia pensaba que había muerto, por lo que todo lo sucedido fue de un "gran impacto psicológico" para ellos, en especial para su madre y su mujer, que había dado luz un día antes del alzamiento.
Edison Pacheco, un joven electricista de 17 años, también fue alcanzado por una bala de un policía, según relató.
En su caso, dos agentes con las caras tapadas se le acercaron en una motocicleta, el que iba detrás le disparó a quemarropa y una bala le traspasó el estómago, dijo.
"Nosotros estábamos lanzando piedras para llegar al Hospital (donde estaba retenido Correa) y se acercaron los policías a disparar, me dieron a mí y a otro", aseveró Pacheco, que acaba de reincorporarse al trabajo. Tampoco ha recibido ninguna ayuda del Gobierno y su madre es la que le está cuidando.
Ambos han denunciado el caso en la Fiscalía, pero no pueden reconocer a quienes les dispararon.
En el caso de Morocho, los médicos encontraron la bala dentro del cuerpo y la han entregado a la Fiscalía, por lo que siguiendo el número de serie se podría encontrar a su agresor.
La médico Maribel Cruz, del Hospital Eugenio Espejo, detalló que el día de la sublevación policial atendieron a 24 personas, que sufrían asfixia por el gas lacrimógeno, contusiones por golpes, así como heridas de perdigones y balas.
"Lo que más nos impactó es la muerte del señor policía (Edwin Efren) Calderón. Ingresó con una bala en el tórax (...), se le puso sangre en el pulmón y falleció", señaló la doctora con un visible dolor en su rostro.
La violencia desatada por la sublevación policial dejó diez muertos, cinco por los enfrentamientos entre policías sublevados y las fuerzas que fueron a rescatar a Correa, y los otros por los disturbios y saqueos generados por la ausencia de agentes de patrulla. En total resultaron heridas 274 personas.
Pacheco lo único que pide es que esto "no vuelva a suceder", mientras que Morocho afirmó que él "siempre apoyará a Correa", pero que ahora lo haría de una manera diferente.
"Sí le ayudaría, pero en otro aspecto, apoyándole moralmente, pero así como lo hice no, porque realmente me perjudicaron y más que todo a mi familia", apuntó.