El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que, según los sondeos a boca de urna del referendo constitucional, hoy se apuntó una nueva victoria política, se declara un izquierdista cristiano y está empeñado en acabar con las "viejas estructuras", incluidos los partidos tradicionales.
"Hoy Ecuador ha decidido un nuevo país, las viejas estructuras fueron derrotadas; esta es la confirmación de esa Revolución Ciudadana que ofrecimos al pueblo en el año 2006", dijo Correa en sus primeras palabras tras conocerse los resultados oficiosos del referendo celebrado hoy en Ecuador.
Correa, nacido en la ciudad costera de Guayaquil el 6 de abril de 1963, irradia una imagen de seguridad e independencia, lo que, para sus detractores, es, más bien, el reflejo de una personalidad arrogante y prepotente.
Hoy ni siquiera esperó a los primeros resultados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para proclamar el triunfo "aplastante", según lo calificó, de los partidarios de la propuesta de nueva Carta Magna redactada por la Asamblea Constituyente.
Lo que nadie puede discutirle es que ha logrado todo lo que se propuso desde su llegada a la presidencia en enero de 2007 para cambiar Ecuador, con el respaldo de los ecuatorianos en la urnas.
Si se confirman los resultados de los sondeos a boca de urna, más de un 60 por ciento de los que participaron en la consulta dijeron "sí" a la propuesta constitucional.
El 15 de abril de 2007, un 81,72 por ciento de los ecuatorianos dio luz verde a la instalación de una Asamblea Constituyente de plenos poderes, y el 30 de septiembre en las elecciones para cubrir los 130 puestos de ese órgano, los candidatos de los movimientos afines al Gobierno fueron los más votados.
Casado con la belga Anne Malherbe y padre de tres hijos, Correa ha hecho alarde de figura "no política" en un país en el que la ciudadanía se declara harta de los políticos tradicionales.
Correa recuerda una infancia feliz pero con limitaciones económicas, que no le impidieron obtener su título de economista en la Universidad Católica de Guayaquil, dos maestrías en Economía en Estados Unidos y Bélgica, así como un doctorado en Estados Unidos.
De verbo fácil, Correa domina el español, inglés y francés, mientras que se defiende en el quichua, idioma de los indígenas de Ecuador, que aprendió cuando trabajó con ellos como misionero voluntario en una comunidad indígena de la sierra andina.
Era casi un desconocido hasta que en 2005 fue ministro de Economía durante 106 días, en el Gobierno de Alfredo Palacio, al que le resultó incómodo por su rechazo directo a la injerencia de organismos internacionales en las decisiones del país.
Fuera del Gobierno y pese a que bastantes analistas lo consideraban muy inmaduro políticamente, Correa encarnó para muchos las características del cambio que consideran que requiere el país para dejar atrás la desigual distribución de su riqueza.
Sus primeros pasos hacia la Presidencia, al frente del movimiento Alianza País, en la campaña de 2006, fueron vacilantes, pero según avanzó, se vieron sus dotes de líder.
En las elecciones de septiembre de 2006, Correa logró pasar a la segunda vuelta y en noviembre de ese año ganó al empresario Álvaro Noboa, del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN), y tomó posesión el 15 de enero de 2007.
Entre los testimonios que se recogen en su biografía se dice que su madre, Norma Delgado, recuerda que, cuando era pequeño, Rafael Correa le dijo que iba a ser presidente de Ecuador.
El presidente ecuatoriano reitera que defenderá la soberanía nacional en el concierto internacional, en el que no oculta su simpatía por el presidente venezolano, Hugo Chávez, y su oposición a todo tipo de imperialismo.
Con Chávez, Correa no sólo comparte el sueño de construir una gran nación latinoamericana, sino la oposición al presidente estadounidense, George W. Bush, aunque ha aclarado que respeta al pueblo estadounidense.
El político izquierdista acostumbra a no dejar pregunta sin respuesta, menos en el campo económico, en el que se mueve con agilidad.
Correa dice ser "de izquierda, pero no de una izquierda marxista, sino, como católico practicante", formado en "las sagradas escrituras y la doctrina social de la Iglesia".
El presidente sostiene que la dolarización de Ecuador fue una "insensatez", pero que la mantendrá, porque sería, dice, "una insensatez mayor" abandonar ese sistema monetario.