Fundación chilena y universitarios de América Latina construyen viviendas para pobres


Una fundación chilena construye viviendas para personas de bajos recursos de Latinoamérica con el trabajo voluntario de más de 200.000 universitarios que quieren cambiar la realidad de sus países con respecto a la pobreza y la desigualdad social.


Los estudiantes y jóvenes profesionales conscientes de que no pueden permanecer indiferentes a la situación de los pobres en la región, se han sumado a la labor que realiza "Un techo para mi país", fundada por el sacerdote jesuita chileno Felipe Hernán Berríos del Solar.


El religioso dijo en una entrevista con Efe que la iniciativa surgió en 1997 en Santiago de Chile cuando el país recuperó la democracia y avanzaba hacia un sólido desarrollo económico, pero había olvidado que una parte de la población aún estaba sumida en la pobreza.

 

"Habían 135.000 familias a nivel nacional, que para nuestro país era mucho, viviendo totalmente en la marginalidad sin agua potable, sin baño, sin electricidad. Hoy día quedan alrededor de 20.000", informó.


Para ayudar a esas personas, a Berríos se le ocurrió poner en contacto a jóvenes universitarios con los habitantes de zonas marginales y juntos desarrollar todo un proceso de rehabilitación social que le permitiera a los primeros "salir de la pobreza de manera sustentable".


Relató que a diario veía a personas maravillosas que la pobreza prácticamente las tenía "mutiladas" y las obligaba a caer en la delincuencia o en las drogas.

 

Al mismo tiempo tenía contacto frecuente con jóvenes universitarios de distintos países que estudiaban en Chile llenos de posibilidades, pero muchas veces sin saber qué hacer con ellas.


"Esas dos realidades me impactaron mucho y me di cuenta que ambas se necesitaban para desarrollar el país", aseguró a Efe Berríos.


Una iniciativa que hasta el presente ha permitido en Chile construir un total de 32.622 casas con la labor de 163.110 universitarios.

 

Y que desde el 2001 se ha expandido a Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.


La fundación comenzó a trabajar fuera de Chile con el nombre "Un techo para mi país" cuando en el 2001 un terremoto sacudió el sur del Perú y otro sismo a El Salvador.


"En ese momento habían muchos estudiantes universitarios de la región estudiando en Chile y conocían el proyecto, unimos el deseo de los jóvenes chilenos y el contacto de los alumnos que tenían comunicación con sectores de esos países y así surgió la idea", dijo el religioso que trabajó tres años como misionero en África.

 

En Latinoamérica han construido unas 42.000 viviendas al tiempo que desarrollan un proceso de rehabilitación social que incluye programas de microcréditos, de fomento productivo, de ahorros, capacitación y salud.


Berríos explicó que el primer paso es construirle viviendas de "emergencia" a las personas quienes deben pagar un porcentaje pequeño que les represente un esfuerzo, a fin de que puedan considerar que les pertenece y por lo tanto exigir que sean de calidad.


"No las regalamos. Jamás hay que regalar porque eso destruye la dignidad de las personas, hace que sean más pobres. El objetivo es que se vayan preparando para la vivienda definitiva", dijo.


Uno de los problemas que han confrontado con los gobiernos de la región es precisamente que quieren entregar de forma inmediata las viviendas, pero "eso conduce a que las personas sean más dependientes de la ayuda".


"Cuando las personas han ahorrado algo de dinero y saben lo que es la propiedad privada, comienzan a formalizarse en el pago de los servicios públicos, quieren surgir, se rompe el círculo de la desesperanza y la gente comienza a soñar", afirmó el sacerdote.


El segundo paso es implementar el proceso de rehabilitación.


"Un techo para mi país" cuenta con financiación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del sector privado, y mantiene "cierta independencia" del sector político.


Para el 2010 las metas son llegar a toda América Latina, triplicar las viviendas que han construido, duplicar los voluntarios e influir en los Gobiernos para que diseñen políticas de acceso a la vivienda a las personas que no tienen recursos.


"Cuando surgió el movimiento de los hippies quiso traer el amor y la paz para cambiar al mundo y no fue capaz. Vino el movimiento guerrillero ideológico que nos hizo soñar con una América Latina más justa y la dejaron igual. Tal vez estos jóvenes sin hablar mucho, trabajando junto con los más pobres, van a provocar el cambio que tanto espera Latinoamérica", dijo Berríos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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