El patriarca de la Iglesia Ortodoxa serbia Pavle, fallecido el pasado domingo, recibió sepultura hoy en Belgrado con máximos honores eclesiásticos y fue despedido por más de 200.000 ciudadanos.
Pavle fue enterrado en el cementerio del monasterio de Rakovica, construido el siglo XVI y situado en el barrio del mismo nombre en las afueras de Belgrado, según su propio deseo.
Asistieron a la ceremonia, además de los metropolitanos y obispos serbios, el patriarca Batolomeo de Constantinopla, el principal de la ortodoxia, jerarcas de las iglesias ortodoxas del mundo y una delegación del Vaticano encabezada por el cardenal Angelo Sodano.
También asistieron los máximos cargos políticos de Serbia, como el presidente del país, Boris Tadic, y otras personalidades, el presidente de Montenegro, Filip Vujanovic, y representantes del ente serbio de Bosnia-Herzegovina.
La larga comitiva fúnebre pasó en silencio, entre repicar de campanas, por la calles del centro de la capital hasta la basílica de San Sava, la mayor del país, y en la plaza frente a la basílica fue oficiada una solemne misa de difuntos.
El anciano Pavle, considerado por muchos como un "santo vivo" por su modestia, ascetismo y consagración a la fe, gozaba de gran respeto tanto de creyentes como ateos, así como de representantes de todas las orientaciones políticas, y abogó por las relaciones ecuménicas y el diálogo con la Iglesia Católica.
El patriarca Bartolomeo calificó a Pavle de "ángel (...) que ascendió al cielo", teólogo de amplios conocimientos que aportó mucho a la solución de importantes asuntos eclesiásticos, hombre de paz y de horizontes abiertos quien sentía el contacto con la realidad contemporánea, "de cuerpo menudo pero de espíritu gigante" e "impecable".
El presidente Tadic recordó las palabras de Pavle de ser humanos y no responder al mal de otro con el mal propio.
El entierro en el monasterio de Rakovica tuvo lugar en privado, según el deseo del patriarca, que murió en Belgrado el domingo a los 95 años en la Academia Militar Médica, donde estaba hospitalizado desde noviembre de 2007.
Nació como Gojko Stojcevic en 1914 en el pueblo de Kucanci (entonces imperio austro-húngaro y hoy Croacia), optó por la vida monacal en 1948 y en 1957 fue nombrado obispo de Kosovo. En 1990 fue elegido el 44 Patriarca serbio.
Llegó al trono de la iglesia serbia en un período muy delicado y difícil, marcado por la caída del comunismo y la renovación de la iglesia, por las guerras sangrientas intestinas yugoslavas, la descomposición del país, las divisiones en el pueblo serbio y la caída del régimen autoritari de Slobodan Milosevic en 2000.
Con frecuencia, condenó la violencia y llamó a la paz y la reconciliación, la tolerancia y al diálogo.
No obstante, sus críticos aseguran que no condenó con contundencia a los sectores de línea dura en la iglesia que alentaban al nacionalismo y bendecían a miembros de unidades paramilitares que participaban en los conflictos étnicos, además de que algunos cometieron incluso crímenes de guerra.
Fue uno de los primeros en dar la bienvenida a las nuevas autoridades reformistas que sucedieron a Milosevic, rompiendo así la tradicional neutralidad política de la iglesia.
Según las normas de la iglesia serbia, el nuevo patriarca será elegido en un plazo de tres meses por un complejo sistema de votación secreta que no permite prever quién será el sucesor y que también debe impedir la influencia política.
En los tres días pasados de luto, más de medio millón de personas visitaron la catedral de Belgrado (Saborna crkva) para rendir el homenaje póstumo a este patriarca.