Cientos de miles de creyentes ortodoxos, enfermos y amantes del riesgo se zambullen en las aguas heladas de lagos y ríos rusos para expiar pecados y curar enfermedades, con ocasión de la Festividad del Bautismo de Cristo.
"La sensación al salir es tonificante. Es como si comenzara una nueva vida. Lo importante es no tener miedo", aseguró Oleg Kozhemiako, gobernador de la región de Amur, tras sumergirse en el río siberiano Zeia, cerca de la frontera con China.
Evidentemente, es una cuestión de fe zambullirse desnudo o en paños menores en una improvisada piscina labrada en el hielo, cuando la temperatura ambiente ronda los 20 o 30 grados bajo cero.
Los popes bendijeron desde la madrugada con crucifijos de plata miles de pozas, estanques, ríos e incluso claros en el mar para que los rusos puedan cumplir durante todo un día con su sagrada costumbre de la Epifanía, desde Moscú hasta la Península de Kamchatka.
Los fieles deben descender por una escalera de madera para evitar los resbalones y sumergirse tres veces en el agua, al tiempo que se persignan, piden a Dios que expíe sus pecados y rezan por su propia alma y la de sus seres queridos.
"Esto no es una diversión (...), no es parte del folklore, sino la participación en la misteriosa comunión con lo sagrado", aseguró Kiril, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Los creyentes ortodoxos afirman que, tras ser consagrada por representantes de la Iglesia, el agua de las pozas adquiere un magnetismo especial.