El chocolate también puede ser “verde”. Hecho por maestros chocolateros belgas, entre los de mayor reputación mundial, este tradicional producto se estrena con técnicas de fabricación de eficiencia ecológica, respetuosas con el medio ambiente y el comercio justo.
A unos 80 kilómetros de Bruselas, en la pequeña localidad de Ghislenghien, se encuentra la primera fábrica de chocolate con certificación de producción ecológica de la Unión Europea.
En algunos bombones “verdes” destaca un espectacular sabor a pistacho, con denominación de origen y cultivo orgánico de Sicilia, el color, se identifica más un compromiso con el futuro del planeta.
El propietario de la fábrica de chocolate, Tierrhy Noesen, explicó que si la sociedad demanda productos que respondan a sus expectativas éticas y morales, los fabricantes deben responder con buenas prácticas.
“Hay oportunidades separadas de mercado para el producto orgánico, ecológico y de comercio justo, yo decidí apostar por los tres”, señaló Tierrhy.
Estos “eco-chocolates” prefieren el cacao de cultivo orgánico de República Dominicana, Ecuador y Perú, países a los que también piden registro de comercio justo, solo concedidos a cooperativas y a las semillas pagadas al precio más alto marcado del mercado.
Para sus recetas originales, todas con un índice de pasta de chocolate (no manteca) por encima del 40%, las almendras son de Murcia (Españas), el coco de Sri Lanka, las avellanas turcas y el caramelo se hace con azúcar de caña de Paraguay.
La fábrica de Noesen fue uno de los proyectos presentados durante el lanzamiento, del Plan de Acción Eco-innovation de la Unión Europea, destinado a financiar iniciativas de desarrollo sostenibles y comercialmente competitivas.