Investigadores que han realizado estudios de gritos y explosiones de más de 100 películas, señalan que los cineastas usan sonidos caóticos e impredecibles para lograr emociones particulares en la audencia.
Según la revista "Science News", los científicos sugieren que los gritos irregulares y caóticos son más difíciles de ignorar. Un ejemplo clásico de esto es el caso de un bebé llorando en un avión.
Al estudiar el sonido disonante y tan fuerte en el cine, los científicos esperan obtener una mejor respuesta de cómo el sonido se expresa, dice el coautor del estudio, Daniel Blumstein, de Los Ángeles.
Un sonido distorsionado, eso es lo que los cineastas han deliberado para lograr un efecto dramático, según el musicólogo James Wierbicki, de Sydney.
Un grito que pueda helar la sangre es muy difícil de hacer, tanto que los cineastas han utilizado el famoso grito de Wilhem en más de 200 películas.