Dinamarca inicia mañana su semestre de presidencia rotatoria de la Unión Europea (UE), que estará marcado por los esfuerzos para superar definitivamente la crisis del euro, aunque el pequeño país escandinavo tendrá una capacidad de acción limitada.
Con el ritmo marcado por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, pero también por Alemania y Francia, Dinamarca (que es junto con el Reino Unido el único país de la UE con una exención de entrada en el euro) no tiene el peso necesario para protagonizar las discusiones e influir de forma decisiva en su desarrollo.
Sin embargo, y tal como ya ha explicado el ministro danés de Asuntos Europeos, Nikolai Wammen, la presidencia danesa apoyará a Van Rompuy “en todo lo que sea posible” durante este proceso.
El inicio de 2012 estará marcado por el lanzamiento de un tratado intergubernamental para la adopción de un nuevo “pacto fiscal” que consagre la disciplina presupuestaria.
Se espera que la cumbre extraordinaria del 30 de enero respalde el texto, de forma que pueda ser firmado en marzo antes de pasar a la ratificación de los países. Dinamarca podría hacer valer su posición de ajeno al euro, pero favorable al pacto a fin de tratar de lograr el máximo de apoyos y “unir a los países que están dentro y fuera de la zona del euro”, como dijo Wammen al presentar la presidencia de su país hace dos semanas en Bruselas.
Y es que las autoridades de Copenhague no esconden que esta presidencia es, en parte, un regalo envenenado, ya que llega “en el momento más difícil” de la construcción europea, para lo que buscarán a toda costa la cooperación entre todos los Estados miembros y huirá de disputas que no benefician a nadie.