El mejor síntoma de que una ciudad sacudida por la guerra recupera su pulso es que de que entre las heridas y la ruina que deja toda batalla florece sin estridencias la cotidianeidad. Diez días después del asalto definitivo rebelde sobre Trípoli, la capital libia comenzó hoy a retomar su bullicio diario, ahora barnizado con una explosión de júbilo indisimulada pese a que jóvenes milicianos armados aún patrullan las calles y de cuando en cuando estallan tiroteos aislados. "Estamos muy contentos. Ahora por fin somos libres y tendremos una vida mucho mejor que antes", declara a Efe Ahmad Husein al-Jar, un joven de 18 años mientras libra una partida de futbolín con tres amigos en una de las calles aledañas del casco histórico de la capital. Alrededor de la mesa son todavía perceptibles los casquillos de bala y la basura se amontona en una de las esquinas, pero eso no parece importar ni Al-Jar ni a sus vecinos, que comienzan a sacar los maniquíes a la acera. Poco después del mediodía, la céntrica calle se ha convertido ya en un improvisado mercadillo, donde hombres y mujeres, la mayoría con sus hijos de la mano, rebuscan en los puestos los tradicionales regalos de fin de Ramadán. Aún no hay mucho donde elegir, y no se encuentran novedades como en años precedentes, pero eso no parece importar a los tripolitanos, contentos por la nueva situación. "Este año no hay tantos juguetes, ni tampoco dinero casi para comprarlo.
Pero no importa, tenemos otras razones para celebrar. El año que viene tendremos más", explica en un alarde de optimismo Hamid Naser, un funcionario que admite haber regresado hoy al trabajo para cobrar. A su lado, su mujer, que únicamente se identifica como Aisha, se queja de que en el mercado apenas se encuentran todavía productos frescos, aunque en la mayoría de las tiendas las estanterías ya están llenas de latas y otros alimentos empaquetados. "Nuestra fiesta y cena será mucho más austera que otros años, pero al menos será en libertad", insiste la mujer como un mantra mientras abre la puerta de su casa.Situada en una de las zonas más pintorescas de la medina, el domicilio de la familia Naser es tan espartano como la cena que dicen esperar durante la fiesta del "Aid al-Fitr", que pone fin esta noche al mes de ayuno sagrado o Ramadán. Una pequeña televisión apagada preside una sala angosta y oscura, donde se apilan algunos cojines sobre una alargada alfombra algo raída. Una estrecha cocina, un baño limpio y dos habitaciones completan el hogar, donde cuelgan los vestidos que las dos hijas estrenarán mañana, como manda la tradición. Igual de optimista se muestra Jalid, un joven dependiente que se recuesta sobre el mostrador de una tienda en la que vende móviles, música y juegos de ordenador. "Estoy seguro de que en breve tendremos una vida mejor que la que hemos tenido.
Libia es libre y ahora todos viviremos bien, con comodidad", afirma exultante. Un objetivo que según las autoridades es ahora su prioridad, al parecer conscientes de que, quizá, el éxito definitivo del alzamiento pasa por devolver a la poblaciónlas necesidades básicas. Según el viceprimer ministro y ministro de Petróleo y Economía, Alí Tarhouni, el nuevo gobierno rebelde tiene previsto recuperar el bombeo normal de petróleo y gas a lo largo de la semana entrante y devolver el flujo continuado de agua a la capital en las próximas 24 horas. Asimismo subrayó que en el esfuerzo de recuperar el pulso, el banco nacional ha retomado su actividad y ya se ha comenzado a pagar los salarios. "Nuestra principal preocupación es recuperar la vida cotidiana. Ya se ha mejorado en cuestiones como el agua, la electricidad y las medicinas y hay un plan para recuperar el flujo de combustible", señaló. Pero sin embargo, quizá los mejores ejemplos este martes de que la capital comenzaba a recobrar su ajetreo eran la presencia en la calles de los primeros barrenderos, el regreso de los atascos y la aparición de la Policía. Vestidos con sus uniformes blancos impolutos, y en pareja, los agentes paseaban con una sonrisa en los labios, mientras hacían el signo de la victoria a las decenas de periodistas que también comienzan a pulular por los sucios callejones. "Bienvenidos a Libia libre, bienvenidos a Trípoli", una ciudad en la que hoy apenas silbaban algunas balas dispersas y acciones tan cotidianas, como el regateo a voces de los precios, florecían entre los cascotes, los casquillos y otras heridas de la guerra.