Un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan (UM) (EE.UU.) concluyó que existe una base genética en el reconocimiento de rostros y lugares, pero no de las palabras, que se aprenden a través de la experiencia.
El estudio, que publicará el próximo miércoles la revista Journal of Neuroscience, se realizó mediante el uso de una imagen de resonancia magnética funcional (fMRI) por primera vez en varias parejas de mellizos y de gemelos, para comparar los resultados entre ellos.
"Ha habido un gran debate acerca de si el reconocimiento facial es una función que estamos diseñados a desempeñar para sobrevivir", dijo en un comunicado el profesor de psicología Thad Polk, autor principal del estudio.
Cada uno de estos estímulos diferentes obtiene determinadas pautas de actividad en la corteza visual ventral, en la parte inferior del cerebro y en la zona posterior de las orejas.
El experimento consistió en que a los mellizos y gemelos se les exponía a estímulos diferentes en una pantalla y debían apretar un botón para indicar cuándo habían visto antes alguna de las figuras.
Tras las pruebas, los científicos procedieron a comparar cuánto se parecía la actividad cerebral entre mellizos y gemelos ante los diferentes estímulos.
Según el estudio, los circuitos del cerebro usados para el reconocimiento de sillas o palabras inventadas fueron similares entre los gemelos y entre los mellizos.
Esto demuestra que los circuitos neuronales subyacentes para estos dos tipos de estímulo se adquieren a través de la experiencia y por tanto no son innatos ni tienen un origen biológico.
Sin embargo, el equipo del profesor Polk descubrió que en el caso de los rostros y las casas, las sendas neurológicas que se utilizaban resultaron ser mucho más parecidas entre hermanos gemelos idénticos que entre hermanos mellizos, cuyo parecido genético no supera el de dos hermanos normales.