Cae narco
- Agentes de la Policía brasileña arrestaron a un supuesto narcotraficante mexicano que viajó al país para asistir a la Copa Mundial de Fútbol, informaron ayer las autoridades.
- La Policía federal no reveló el nombre del sujeto, pero dijo que se trataba de un hombre de 49 años proveniente de la ciudad de Guadalajara, sospechoso del tráfico de metanfetaminas y reclamado por el Gobierno de Estados Unidos. Un juez federal autorizó el arresto del sospechoso el lunes por la noche cuando intentaba abordar un vuelo a Fortaleza, donde la selección mexicana se enfrentó a Brasil. Fue ubicado por las autoridades anteriormente en un hotel de Río de Janeiro donde se hospedaba con su esposa y dos hijos de 18 y 29 años. El Gobierno de Brasil dijo que el hombre había ingresado al país el miércoles de la semana pasada por vía terrestre por el pueblo turístico de Foz de Iguazú, proveniente de Argentina.
El Mundial de Fútbol en Brasil ha dado en estos primeros cinco días algunas sorpresas, pero una de las mayores está fuera de los estadios: la ausencia de manifestaciones masivas en las calles.
La posibilidad de que durante este torneo volviera la ola gigante de protestas que sacudió al país en la Copa de Confederaciones hace un año era considerada alta por parte de expertos.
El asunto era una inquietud del Gobierno brasileño y la Fifa, con encuestas mostrando un creciente descontento popular por los $11,000 millones invertidos en el Mundial y activistas que agitaban el eslogan de No va a haber Copa.
Sin embargo, desde que el torneo comenzó el jueves pasado, las protestas en diferentes ciudades sede han reunido cientos o a lo sumo algunos miles de brasileños, lejos del millón que llegó a tomar las calles en junio pasado.
Brasil es un país difícil de explicar, dijo Rudá Ricci, un sociólogo y politólogo brasileño especializado en movimientos sociales. Cuando parece que estamos entendiendo, ocurre todo lo contrario.
Entonces, ¿por qué se desinflan las protestas brasileñas? ¿Y qué puede suceder para que recobren fuerza?
Jóvenes en las calles
El movimiento espontáneo de manifestaciones del año pasado en Brasil tuvo como motor principal a jóvenes de clase media, sin banderas partidarias ni una verdadera organización detrás.
Uno de sus primeros reclamos fue contra el aumento de las tarifas de autobús, pero a medida que la ola creció incorporó una amplia gama de demandas contra los gastos en estadios, la corrupción o la mala calidad de la educación y la salud.
Con excepciones como la rebaja de las tarifas de transporte, muchas de las promesas que entonces hicieron los gobernantes y políticos sobre mayor transparencia y mejoras de gestión siguen incumplidas.
Pero Ricci notó que a la vez las calles dejaron de ser un carnaval político para convertirse desde agosto en escenarios de violencia entre grupos como los black blocs y la policía.
El domingo, unos 500 manifestantes intentaron acercarse al estadio Maracaná de Río durante el partido entre Argentina y Bosnia y fueron reprimidos por la policía con bombas de gas y balas de goma. Algunos enmascarados lanzaron cocteles molotov y las autoridades investigan a un policía que fue filmado usando su arma de fuego.