RUSIA E IRÁN firmaron ayer un acuerdo clave que hará posible poner en servicio la central nuclear iraní de Buchehr (sur) construida por Rusia, a pesar del recelo internacional sobre las actividades nucleares de la República islámica.
Los jefes de las organizaciones iraní y rusa de la energía atómica, Gholamreza Aghazadeh y Alexandre Rumiantsev, firmaron en Buchehr los documentos relativos a la entrega por parte de Rusia del combustible a la central, y el posterior traslado a Rusia del uranio enriquecido una vez utilizado, según la televisión estatal iraní.
Esta última cláusula esta destinada a garantizar que el combustible no sea reutilizado por la República islámica para fabricar la bomba atómica.
"En estos documentos las dos partes están de acuerdo en cuestiones referentes al abastecimiento del combustible, incluida su devolución", indicó la televisión.
Este acuerdo abre la vía a la puesta en marcha de la central.
"Prevemos el despegue físico de la central para finales de 2006", declaró Alexandre Rumiantsev citado por la agencia rusa Itar-Tass; "el combustible será entregado unos seis meses antes".
Según él, unas 100 toneladas de combustible serán enviadas a Irán.
"La instalación de equipamientos de la central estará acabada en 10 meses y los ensayos y el inicio oficial de las operaciones se llevarán a cabo seis meses más tarde", declaró Gholamreza Aghazadeh, citado por la televisión.
Lo que retrasó la firma hasta el último momento, fue el calendario, pues iraníes y rusos no se habían puesto de acuerdo sobre las fechas de las entregas. Finalmente firmaron un "protocolo confidencial".
La firma se llevaba aplazando hace más de dos años. Presionada por la comunidad internacional, y en particular por EU, que acusa abiertamente a la República islámica de querer dotarse de armas nucleares con un pretexto civil.
Pero el retraso también obedece a la tensión diplomática entre Irán y la comunidad internacional, inquieta por las actividades nucleares de la República islámica y sobre todo por su programa de enriquecimiento de uranio.
Moscú asegura que Buchehr no implica un acercamiento de Irán a la bomba atómica.
Con este acuerdo Rusia trata de afirmar la independencia de su política de cara a EU, así como su lugar en el mercado nuclear civil internacional.
La visita de Rumiantsev a Teherán busca también "activar las relaciones entre los dos países, sobre todo en materia nuclear", estimó Aghazadeh.
El acuerdo, además, acerca a Irán y a Rusia mientras EU trata desde hace meses de llevar a la República islámica ante el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia tiene derecho de veto.
Dos prominentes senadores estadounidenses formularon llamaron a adoptar una actitud más dura con Rusia, después del acuerdo sobre combustibles nucleares que Moscú suscribió con Teherán.
John McCain, un ex candidato presidencial republicano, exhortó a Washington a excluir a Rusia del próximo encuentro del G8 previsto para este año y propuso además una resolución de la cámara alta por la cual se exigiría al presidente George W. Bush que tome la iniciativa para excluir a Moscú del grupo en el que se reúne con los siete países más industrializados.
EU y sus aliados europeos deberían decir a Putin: "Vladimir, no serás bienvenido a la próxima conferencia del G8, por lo menos para empezar", declaró McCain a Fox News.
"Deberíamos estar preocupados con el último acuerdo entre Rusia e Irán, puesto que Irán no necesita poder nuclear y obviamente, se trata de un régimen que en dos años se ha tornado opresivo y represivo", destacó el senador. Por su parte, su colega republicano Lindsey Graham dijo que se "debe presionar para que Rusia comprenda que un Irán nuclear no será una influencia desestabilizadora".
La energía nuclear civil iraní es una importante fuente de ingresos para Moscú, que espera defender su lugar en el mercado mundial de esa tecnología.
La construcción de la central de Buchehr se estima en $800 millones.
En Irán, la diplomacia de Rusia podría permitir el avance hacia objetivos que EU nunca podría alcanzar por sí mismo a causa de un viejo bloqueo de 25 años entre Teherán y Washington.
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