Los avances en la investigación del cerebro y las neurociencias en la última década atraen el interés de los militares y presentan dilemas éticos sobre el futuro de la guerra, según un artículo publicado en Public Library of Sciences.
"Lo que tenemos entre manos es una historia futurista que ocurre en el presente", dijo a Efe Jonathan D. Moreno, del Centro para Bioética, en el Departamento de Historia y Sociología de la Ciencia, de la Universidad de Pensilvania, coautor del artículo con Michael Tennison, de la Universidad Wake Forest en Carolina del Norte.
"Todo lo que hemos aprendido en la última década y seguimos aprendiendo a ritmo acelerado acerca del cerebro es de interés para quienes planifican y libran las guerras", añadió Moreno en una conversación telefónica. "Las agencias de inteligencia y de defensa financian y apoyan muchos de los estudios que se hacen en esta área".
Según el artículo, tanto los informes del Consejo Nacional de Investigación como las asignaciones de fondos del Pentágono "revelan el interés de la seguridad nacional en la neurociencia e indican que los militares están muy ansiosos por ver qué pueden aprovechar de esta ciencia emergente".
"El interés de las Fuerzas Armadas en el conocimiento, desarrollo y aprovechamiento de la neurociencia genera una tensión en su relación con la ciencia", agregó el artículo. "Puede haber un conflicto entre las metas de la seguridad nacional y las metas de la ciencia", indicó.