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Un día en la vida de musulmanes, judíos y cristianos en Jerusalén


El cañonazo que anuncia el fin del ayuno para los musulmanes palestinos en el mes de Ramadán coincide con el sonido del "shofar" o cuerno de carnero que alerta a los judíos del inicio del Shabat, mientras los cristianos se recogen tras la procesión del Vía Crucis en la ciudad vieja de Jerusalén.
Una riada de mahometanos, unos 120,000, inundaron la mañana de ayer las callejuelas de la ciudad vieja de Jerusalén de camino a orar, a leer el Corán y alabar a Dios en el Noble Santuario, tercer lugar santo del Islam, en el primer viernes de Ramadán.
El fervor religioso de los musulmanes siempre va acompañado en Jerusalén de uniformes israelíes unos 2,000 entre los verdosos de la Guardia de Fronteras y los azules de la Policía todos ellos pertrechados con cascos, subfusiles, porras, chalecos anti-balas y haciendo gala de la autoridad que les brindan las armas.
La Policía israelí estaba destacada ayer en todas las calles y accesos a la Explanada Sagrada o Monte del Templo para judíos y cristianos; los francotiradores apostados en los áticos y surcando el cielo azul, un zeppelín blanco que filmaba la ciudad en silencioso vuelo, roto por un ruidoso helicóptero vigilante de los movimientos palestinos.
Durante el mes de Ramadán todos los musulmanes, excepto las mujeres embarazadas, los enfermos y los viajeros, se privan de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta del sol.
El mercado no está, sin embargo, prohibido para los musulmanes como para los judíos en Shabat porque Mahoma honró la profesión de comerciante, ya que el mismo la ejerció con ahínco antes de su apostolado.
A Rashim al Yabraj, de 31 años, que regenta una tienda multicolor en el barrio musulmán, le duele la cabeza pero no puede tomar una aspirina, ni tampoco beber agua y ni siquiera tragar saliva. "El ayuno es una purificación física y también espiritual", asegura adormecido y convencido tras una noche de seguro atracón.
El fin de las oraciones se produce sin incidentes, a pesar de que los israelíes han permitido en esta ocasión la entrada a la Explanada a los musulmanes menores de 45 años, los que acostumbran a lanzar piedras desde arriba contra los judíos que rezan contra uno de los muros del Templo de Herodes, el Muro de las Lamentaciones.
El recorrido que todos los viernes realizan los franciscanos y los peregrinos cristianos en memoria de la Pasión de Cristo a lo largo de la Vía Dolorosa, ha coincidido ayer con la salida apresurada de los musulmanes de las mezquitas y con la retirada de los policías israelíes por las abigarradas callejuelas de la ciudad.
La encrucijada de religiones y lugares santos que es la ciudad vieja de Jerusalén ha querido este año que un nutrido grupo de policías judíos armados hasta los dientes recorrieran mezclados con los franciscanos de hábito pardo la Tercera y Cuarta Estación de la procesión del Vía Crucis, en una imagen insólita para los que no viven en la ciudad tres veces santa.


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105381
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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