Comunidades tradicionales de campesinos de Indonesia, Panamá o Camerún temen convertirse en víctimas de los países contaminantes que en el futuro podrán comprar terrenos fuera de sus fronteras para plantar árboles que absorban su exceso de emisiones de CO2 y despojarles de sus tierras.
Para denunciar esta situación, Sarwadi Sukiman, pequeño granjero de la isla indonesia de Sumatra, se ha desplazado hasta Poznan (Polonia), donde más de 190 países están negociando en la Cumbre del Clima de la ONU cómo salvar al Planeta de los efectos del cambio climático.
El sistema climático internacional, que deberá regir a partir de 2012 cuando expire el actual Protocolo de Kioto y que se está gestando en esta cumbre, permitirá reducir emisiones de gases de efecto invernadero mediante proyectos de reforestación para la captura de dióxido de carbono en los países pobres.
Las ONG denuncian que el impacto de estos mercados de carbono será "desastroso" para muchos campesinos, ya que los países industrializados irán adquiriendo los terrenos que ahora se dedican a cultivos de arroz y legumbres y que son la base de su supervivencia.
El comercio de derechos de emisiones de CO2 (la compra de una especie de bonos que permiten contaminar más) se ha convertido en los últimos años en un lucrativo negocio para las grandes industrias de los estados más desarrollados, que evitan así las multas por exceso de dióxido de carbono.
Países como Indonesia se han lanzado a multiplicar sus superficies verdes para posicionarse en el futuro mercado de emisiones de CO2 como uno de los estados capaz de absorber más gases contaminantes a cambio de grandes ingresos.
Sukiman ha asegurado a los periodistas que más de 1.500 familias de su región (en el centro de Indonesia), entre ellas la suya, ya están sufriendo los efectos de esa iniciativa aun antes de que se ponga en marcha.
Este campesino indonesio ha denunciado que la empresa PT Reki, de la que forman parte tres ONG, entre ellas Seo/BirdLife, pidió al gobierno de Indonesia que le permitiera poner en marcha proyectos de restauración de ecosistemas que les han "expulsado" de sus tierras.
Ha subrayado que esta empresa está convirtiendo en "desiertos verdes" las zonas en las que actúan y aunque siguen cultivando sus tierras "lo hacemos como si fuéramos delincuentes".
"Estamos comprometidos a conservar nuestras tierras, es nuestra manera de vivir", señaló este campesino indonesio, que aseguró que "vamos a resistir hasta que terminen con nosotros".