Mientras que el relator especial para la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA), Eduardo Bertoni presentará hoy un Informe sobre la Situación de la Libertad de Expresión en Panamá.
Las declaraciones de Cuéllar se dieron durante un Foro sobre la Libertad de Expresión que organizó el Instituto Interamericano de Derechos Humanos en Panamá. "No es que se promueva el libertinaje, sino el uso democrático del derecho penal en el ejercicio de la libertad de expresión y las garantías", acotó.
Según el organismo, en Panamá de 90 procesos, 47 fueron presentados por funcionarios y 78 estaban dirigidos a periodistas, comunicadores y colaboradores de medios de comunicación. De estos 90 casos, 13 terminaron con sentencia condenatoria, seis absolutorias, 23 sobreseimientos y 5 en los que el demandante desistió del proceso. En cuanto a la publicidad estatal, se determinó que la misma es utilizada para favorecer a los amigos y castigar a los adversarios del Gobierno.
Los que caen en la trampa deben enviar dinero en fuertes cantidades. En los casos más burdos luego del envío se pierde toda comunicación con la supuesta empresa.
Cuando los inversionistas desean vender su acción descubren que es demasiado tarde. Estos cuartos de la caldera pudieron haberse movido a otras localizaciones y desaparecer con el dinero.
Los inversionistas, entonces, descubren que sus certificados de acciones son falsificaciones sin valor y no pueden recuperar su dinero.
La historia no termina aquí. Los operadores del sitio de la caldera pueden golpear a un inversionista dos veces. En la segunda etapa aparece otra empresa que contacta al mismo cliente afectado y le asegura que él puede hacer gestiones profesionales para recuperar el dinero perdido.
El truco es que la víctima debe enviar nuevamente dinero para poder iniciar la recuperación. De esta forma algunos son burlados dos veces. El cliente o víctima desconoce con quien ha tratado, no tiene muchos datos y sus llamadas no son contestadas al igual que sus cartas. Su dinero cayó en saco roto.
Un grupo de telefonistas maneja un listado de clientes que poseen recursos para comprar acciones.
Convencen a los inversionistas para que compren las acciones, porque esa es la oportunidad de su vida.
El que cae en la trampa envía dinero y cuando quiere vender sus acciones se dan cuenta que sus títulos son falsos.
Aparece otra empresa que dice que recuperará el dinero.
El cliente envía nuevamente la misma suma de y pierde comunicación con los agentes vendedores.