El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, cumple mañana, jueves, cien días de Gobierno en un país que no ha visto muchas novedades en este periodo, salvo el profundo cambio de estilo imprimido por el propio gobernante en la forma de administrar el Estado.
No ha engañado a nadie. Martinelli dijo antes de tomar el poder: "soy un empresario y no un político" y ha cumplido con el objetivo que se trazó de "cambiar la manera de hacer las cosas" en esta nación centroamericana de 3,5 millones de habitantes.
Se jacta de ser el anti-Chávez y encabeza en primera persona operativos policiales; ha aumentado el salario de policías y aprobado un subsidio de cien dólares para ancianos de pocos recursos, mientras su Gobierno cerraba en este tiempo, según la Contraloría, 112 contratos directos y sólo 2 mediante licitación.
Los cien días de Martinelli han dejado imágenes como la del presidente junto a policías en operaciones para cerrar un prostíbulo o confiscar terrenos, y un lanzamiento de honor en el Yankee Stadium de Nueva York, donde juega el equipo de béisbol de los Yankees.
Dona su salario a la beneficencia, aunque su Gobierno estudia la posibilidad de comprar un nuevo avión presidencial que, según el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, permitiría el traslado de personas, especialmente niños que requieran atención médica en el extranjero.
En el apartado internacional, ordenó, como había prometido durante la campaña, la salida de Panamá del Parlamento Centroamericano (Parlacen) por ser "inoperante" y "costoso" pese las llamadas a reconsiderar su postura, lo que no le impidió abogar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas por la unidad regional.
El suyo ha sido el gobierno más cercano al régimen de facto en Honduras, al desmarcarse del resto de países diciendo que reconocerá las elecciones del 29 de noviembre en ese país "si son transparentes".
Su primer viaje oficial al exterior fue a Costa Rica, a conocer de primera mano el sistema público de salud con el fin de aplicarlo en Panamá, y también visitó Italia para entrevistarse con el Papa Benedicto XVI y Silvio Berlusconi, del que dijo en una entrevista con el diario Il Giornale que era "el mejor presidente que ha tenido" ese país.
En aquella ocasión también criticó el "populismo demagógico" de izquierdas, y dijo que él era el "anti-Chávez", en referencia al presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Los panameños coinciden en que cien días es poco tiempo para evaluar el desempeño del gobernante, pero su forma de dirigir el país no deja indiferente a nadie.
"Me parece muy radical, que haga las cosas no está mal, pero no es necesario que lo haga por la fuerza", indicó a Acan-Efe Yamilletti Murillo, una administrativa de 30 años en referencia a los operativos policiales en que ha participado el presidente.
Alejandro Kirpon, un pintor de 43 años, aseguró que él no ve ningún cambio, que el costo de la canasta básica sigue alto pese a que Martinelli prometió que bajaría y que "la criminalidad sigue en el piso".
"No se pueden cambiar las cosas de un día para otro, pero si no vas a poder acabar con la criminalidad, no prometas que lo vas a hacer", indicó Kirpon en alusión a una de las promesas de campaña de Martinelli.
Para Sandra, analista legal de 24 años, Martinelli "está pensando como un empresario" en la forma de manejar el país, le critica que haya sido "rudo" en la forma de hacer las cosas y "extremista en sus declaraciones, dividiendo todo en blanco o negro, cuando hay grises".
No obstante, cree que "él puede mejorar todavía".
"Ningún presidente se había atrevido a hacer lo que éste ha hecho", elogia Efraín Pittí, un ebanista de 60 años, para el que el estilo de Martinelli es "lo que necesitaba el país y no la corrupción del (Partido Revolucionario Democrático) PRD".
Fabio Riaño, colombiano afincado en Panamá, tiene sus dudas sobre si la asesoría de Martinelli en materia internacional es la mejor, pero respalda completamente el estilo de Martinelli.
"Él ha bajado a la calle, no está arriba como los presidentes en otros países. Este es un país pequeño y aquí el presidente puede hacer estas cosas, si el país fuera más grande tal vez no, pero aquí, no hay problema", dijo.