A pesar del crecimiento económico en la década de 1990 de algunos países iberoamericanos, no pudieron evitar que más de la mitad de los niños y adolescentes sigan siendo pobres, revela un estudio de la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (CEPAL) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
De acuerdo con el estudio, esta pobreza es aún mayor si se considera que las disparidades en el acceso a los servicios sociales básicos afectan, principalmente, a los estratos más pobres de la población que, a aunque tienen mayores carencias y necesidades, reciben menos servicios, y cuando les llegan son de menor calidad.
La encuesta realizada detalla que los niños y niñas menores de seis años que viven en hogares pobres -el grupo más vulnerable- suman unos 36 millones en los 19 países latinoamericanos incluidos en la estimación. Indica que tampoco se redujo el número de pequeños pobres entre seis a 12 años, sino que aumentó de 41.6 a 43.7 millones.
Agrega que la incidencia de la pobreza entre los adolescentes (13 a 19 años) prácticamente se mantuvo, pero la creciente gravitación de este grupo en la población regional hizo que la cantidad de ellos aumentara de 31.5 millones en 1990 a 34.8 millones en 1999.
El informe forma parte de la evaluación solicitada a la CEPAL y a la UNICEF en la Décima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, realizada en noviembre del año pasado, el cual fue entregado a la mandataria Mireya Moscoso por José Antonio Ocampo de CEPAL y Per Engebak, director regional para América Latina y el Caribe de UNICEF.
El mismo será presentado el próximo año por la presidenta Mireya Moscoso en la sesión especial de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Sin embargo, el estudio reconoce avances en educación, salud y protección de los niños, acceso a mayores ingresos por parte de sus padres y mejores condiciones para atender a sus hijos, mediante procesos tendientes a garantizar el cumplimiento pleno de los derechos de sus niños, niñas y adolescentes.
Los avances son considerados "insuficientes y sobre todo muy desiguales", porque existen marcadas desigualdades entre los países y, particularmente, entre diferentes grupos sociales al interior de ellos.
La gran desigualdad y sus consecuencias son el mayor obstáculo para lograr el desarrollo y avanzar hacia el cumplimiento de los derechos de la infancia y adolescencia en Iberoamérica.
Algunos de los logros marcados durante el pasado decenio son las condiciones de vida y la sobrevivencia de los niños en sus primeras etapas. Según el documento, la esperanza de vida aumentó considerablemente en aquellos países que presentaban mayores rezagos.
Por su parte, la presidenta Mireya Moscoso afirmó que las únicas promesas que sirven son las que se cumplen y argumentó que el documento servirá sin duda para poner finalmente en ejecución los programas que permitan resolver las deficiencias de los últimos diez años.