El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, comparecerá esta tarde ante un magistrado del Tribunal Correccional de París, que será el encargado de decidir su posible encarcelamiento.
La fiscalía ya le ha notificado la orden de arresto emitida contra él y ahora el ex general deberá comparecer ante un juez de las libertades y de la detención, que es el magistrado que en Francia se encarga de decidir el envío o no a prisión de los procesados.
La defensa de Noriega ha anunciado ya su intención de recurrir la extradición de su cliente, argumentando que los hechos por los que le reclama Francia ya han prescrito, entre otras razones.
Uno de sus abogados, Olivier Metzner, recordó que su cliente "se beneficia de inmunidad en calidad de ex jefe de Estado de Panamá", y por lo tanto "pedimos la aplicación de esa inmunidad".
En declaraciones a la televisión "BFM", el letrado explicó que tratará de hacer lo posible para evitar que el ex dictador vuelva a ser juzgado en París, donde ya fue condenado en ausencia a diez años de cárcel en el año 1999 por blanqueo de dinero procedente del narcotráfico.
La defensa mantiene que el dinero por el que fue investigado y condenado procedía de la fortuna de su mujer y de los pagos que le hizo la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense para la que Noriega trabajaba.
Ahora, con 76 años, de los que ha pasado 17 encarcelado en Estados Unidos por complicidad en tráfico de drogas, el ex dictador se encuentra "muy débil", según Metzner, quien subrayó que hará todo lo posible para que pueda volver a Panamá.
Allí, también está reclamado por la justicia panameña, que le condenó en ausencia a 15 y 20 años de cárcel por los asesinatos, respectivamente, del opositor Hugo Spadafora y el mayor Moisés Giroldi.
Noriega, de hombre fuerte a papa caliente
El ex general panameño Manuel Antonio Noriega, extraditado hoy a Francia tras cumplir una pena por narcotráfico y lavado de dinero en Estados Unidos, ha pasado de ser el hombre fuerte del país a convertirse en una papa caliente que nadie quiere en Panamá.
El Gobierno panameño no ha hecho nada por obtener la extradición de Noriega, dijo a Efe su abogado en este país, Julio Berrío, nada más conocer la decisión del Gobierno estadounidense de permitir su extradición a Francia, donde debe cumplir una pena de diez años de cárcel por blanqueo de dinero procedente del narcotráfico.
"Es una historia con un final anunciado", agregó.
Noriega, que desde 1983 y hasta la invasión militar estadounidense a Panamá de diciembre de 1989 fue el "hombre fuerte" de este país, el poder detrás de los Gobiernos de turno, sigue siendo un asunto incómodo para los panameños.
Nacido en la Ciudad de Panamá en el seno de una familia humilde el 11 de febrero de 1935, según su registro en el Seguro Social, aunque otras fuentes dan como año de nacimiento 1934 ó 1938, Noriega asistió a una escuela pública y obtuvo una beca para estudiar milicias en la famosa escuela del Chorrillo en Perú.
A su regreso, en 1962, se alistó en la Guardia Nacional como teniente, empezando una carrera meteórica ayudado por su astucia y oportunismo, especializándose en guerra psicológica, contrainsurgencia y lucha contra el narcotráfico.
En 1968 apoyó el golpe militar que llevó al poder al general Omar Torrijos y dos años después, en 1970, en agradecimiento a su colaboración para sofocar una conspiración, fue nombrado jefe del servicio de inteligencia: el temido G-2.
Tras la muerte de Torrijos en un accidente de avión, en 1981, Noriega se disputó el poder con el general Rubén Darío Paredes, entonces jefe de la Guardia Nacional, quien creyendo tener el suficiente apoyo, en 1983 pidió la baja del Ejército para presentarse como candidato a la Presidencia.
El 12 de agosto de ese año fue nombrado jefe de la Guardia Nacional, en sustitución de Paredes.
Pese a las acusaciones de tener vínculos con el narcotráfico y el contrabando de armas, usando como intermediario a su asesor Mike Harari, antiguo jefe de los servicios secretos israelíes, Noriega contó en todo momento con el apoyo de Estados Unidos.
En 1984 arrestó al teniente coronel Julián Melo, uno de sus más estrechos colaboradores, como responsable de una red de narcotráfico.
El oficialista Nicolás Ardito Barletta, que ganó las elecciones de 1984 gracias a un fraude, fue obligado a dimitir un año después por Noriega, tras abrir una comisión para investigar el asesinato del opositor Hugo Spadafora, del que era acusado el propio Noriega.
El sustituto fue el hasta entonces vicepresidente Eric Arturo del Valle, que correría la misma suerte en 1988, cuando ordenó el paso a retiro de Noriega y su destitución.
"El que se va es él", fue la respuesta de los militares cuando Del Valle anunció la destitución de Noriega, tras casi un año de crisis política protagonizada por la Cruzada Civilista para acabar con la dictadura militar.
El detonante de esa crisis fue el coronel Roberto Díaz Herrera, que en mayo de 1987, despechado por su pase a retiro, acusó a Noriega de narcotráfico, del asesinato de Spadafora, de complicidad en la muerte de Omar Torrijos y del fraude electoral de 1984.
Estas denuncias llevaron a Estados Unidos a ir cambiando su opinión sobre quien hasta entonces era su hombre el Panamá, hasta darle totalmente la espalda y, a petición de la Justicia, terminar reclamándolo para juzgarlo por narcotráfico.
Las elecciones de 1989, ganadas por Guillermo Endara, fueron anuladas en medio de disturbios y se nombró presidente a Francisco Rodríguez, lo que supuso la continuidad de un régimen tutelado por los militares.
El 20 de diciembre de 1989, cinco días después de que asumiera el puesto de jefe del Gobierno, las tropas estadounidenses invadieron Panamá para "restablecer la democracia" y capturar a Noriega, algo que lograron el 3 de enero de 1990, al entregarse tras haber permanecido refugiado en la Nunciatura unos días.
Casi dos años después, en septiembre de 1991 comenzó el juicio en su contra y el 9 de abril de 1992 fue condenado a 40 años de cárcel por ocho delitos de narcotráfico y blanqueo de dinero.
La extradición del ex militar panameño a Francia se produce dos años después de que la Justicia estadounidense diera por cumplida su pena y pese a que Noriega afronta varias condenas en su país.
"Aquí evidentemente lo que ha prevalecido es el interés político de EE.UU. y no el sentido de justicia, dijo a Efe, por su lado, Mario Rognoni, ex ministro y una de las pocas personas que aún se reconoce como amigo personal del ex general.
"El interés político de los Estados Unidos es mantener a Noriega alejado de Panamá, interés que aparentemente comparten los políticos de nuestro país", añadió.