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Africa: 1. Jirafas y desmilitarización en Tanzania


No conocía Africa. Pero desde julio del año pasado he tenido la oportunidad de visitar Tanzania, Uganda y Nigeria, de donde acabo de regresar. Originalmente por intermedio de Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz y ex-presidente de Costa Rica, me llegó una invitación del Gobierno de la República Unida de Tanzania y del PNUD a participar hace algún tiempo en una conferencia con más de sesenta dirigentes africanos (de Benin, Burundi, Congo, Ghana, las Islas Seychelles, Kenya, Malawi, Mozambique, Namibia, Nigeria, Rwanda, Sierra Leona, Sudáfrica, Sudán, Tanzania, Togo, Uganda, Zambia y Zimbabwe) sobre el tema de la "Desmilitarización en Africa". Me solicitaban presentara la experiencia de la desmilitarización en Panamá, por la cual fui responsable como Ministro de Gobierno y Justicia.
La conferencia se celebró a finales de julio del año pasado, en Arusha, al norte de Tanzania, en una región dominada por el Monte Kilimanjaro y que incluye reservas naturales extraordinarias, las de Arusha, Manyara, Ngorongoro, Serengeti y Seronera. En los días antes y después de la conferencia participé en un recorrido de las reservas, un "safari" para turistas. Fue para mí de un impacto excepcional toparme con la vegetación virgen del Africa y sus animales salvajes: jirafas, hipopótamos, búfalos, gacelas diversas, monos rarísimos, zebras, leones, elefantes, chacales, avestruces, grullas coronadas, animales de un continente que guarda su misterio natural claroscuro.
La jirafa, sobre todo, capturó mi imaginación, elegante aunque desproporcionada, ágil aunque pareciera quebradiza, que se yergue como escultura tallada por mano primitiva y atrae por la fineza rara de sus líneas de arte moderno. Por doquier los artesanos de Tanzania la forjan en todos los tamaños y gestos, sin cansarse de reproducir su figura que se me antoja la de una dama inglesa perdida en plena selva africana. Llegó a representar para mí el Africa que desconocía y que me apasionó desde el primer momento. Descubrí el Africa de la jirafa.
Pero descubrí también otra Africa, que en su totalidad tiene 700 millones de habitantes, en cincuenta y tres países, desde Nigeria con más de 100 millones hasta las Islas Seychelles con 71,000 habitantes, donde el producto interno bruto anual per cápita desciende de $6,506 en Libia a $69 en Mozambique y a cantidades indefinidas pero sin duda marginales en Eritrea y Somalia, lo que le da a este continente el ingreso per cápita promedio más bajo del mundo.
Esa Africa sufre accesos de violencia traumáticos. De acuerdo con una publicación de 1997 del Centro "Desmilitarización para la Democracia", con sede en Washington, dieciocho países o el 34% padecen los efectos de reciente guerra civil o por lo menos de conflicto interno violento, todavía en desarrollo u ocurrido entre 1995 y 1997. La región de los Grandes Lagos concentra una furia fratricida que ha llegado al grado de genocidio en Rwanda y en Burundi. Otros catorce países o 26% han experimentado conflicto violento en los primeros años de los noventa, de manera que sólo 21 países o el 40% han evitado la violencia civil en esta década. Sin embargo muchos de ellos han sufrido las consecuencias -por ejemplo, el flujo de refugiados y la fuga de inversiones- debido a los conflictos en los países vecinos.
En ese continente, en donde se entrelazan poblaciones cristianas, musulmanas y animistas, seis países con 8% de su población viven bajo democracias consolidadas, tal Sudáfrica; otros diecisiete países con 18 % de su población viven bajo regímenes en transición hacia la democracia, tal Senegal; otros veintiséis países con 66% de su población viven bajo regímenes autoritarios, tal Zimbabwe, y cuatro países con 8% de su población viven en "situación de disolución como Estados nacionales", tal Somalia.
Como causa o como resultado, vaya a saber, en cuarenta de estos países o el 76% las fuerzas armadas ejercen un poder político y económico substancial. La publicación antes mencionada, intitulada Resistiendo su Retiro: el poder militar y otras barreras a la transición democrática de Africa, los describe en los siguientes términos: "En estos países las fuerzas armadas o bien detentan el poder del gobierno o bien funcionan independientemente del control de las autoridades civiles elegidas o de un Organo Judicial operante, tomando internamente las decisiones claves de su presupuesto y de sus promociones. No responden ni por sus abusos de los derechos humanos, ni por sus actividades comerciales no-militares ni por su corrupción". En siete otros países los militares ejercen un poder moderado y sólo en los seis restantes ejercen un poder mínimo.
En resumen, los militares en Africa, como anteriormente en América Latina, se han estado ocupando mucho más de la competencia interna por el poder público que de los problemas externos de la defensa. Han contribuido enormemente a la violación de los derechos humanos y a la corrupción generalizada. Debido a su impunidad habitual han impedido que la administración de justicia adquiera prestigio. Han desviado los fondos públicos de las necesidades del desarrollo humano sostenible en favor de innecesarios gastos de equipo, actividades y privilegios militares. Y por la inestabilidad institucional que fomentan han desalentado las inversiones extranjeras. Dada su propensión a conflictos civiles dentro de sus Estados y a la intervención en los conflictos de los Estados vecinos han hecho muy difícil la tarea de la democratización y del desarrollo.
De allí el interés de los dirigentes africanos en conocer los pormenores de la desmilitarización completa en Costa Rica y Panamá y de la parcial en el resto de Centro América. La Fundación Oscar Arias para la Paz y el Desarrollo nos invitó a Laura Chinchilla, ex ministra del Interior de Costa Rica, a Ricardo Acevedo, ex ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, y a mí para que acompañáramos al ex presidente Oscar Arias a presentar la experiencia desmilitarizadora de nuestra región.
Los africanos, entre ellos un buen número de Ministros de Estado, incluso varios de Defensa, así como funcionarios de las organizaciones internacionales africanas y figuras de la sociedad civil de diversos países, mostraron como es natural una variedad de reacciones, desde el escepticismo preocupado de los más tradicionales o vinculados a gobiernos de fuerte influencia militar, hasta el compromiso entusiasta de los más jóvenes y modernos, muchos de los cuales han vivido las consecuencias de regímenes militaristas. Así, por ejemplo, el presidente de Tanzania, Benjamín William Mkapa, reconocía la conveniencia de reducir los gastos militares, pero añadía cautelosamente que debía hacerse sin comprometer la seguridad básica de un Estado soberano, que él asocia aún con la posesión de un ejército.
Cuando la discusión parecía perderse en consideraciones de oportunismo político, fue necesario concentrar la atención en el hecho de que Africa cuenta actualmente con 1,986,300 militares que gastan anualmente 12,921 millones de dólares. Diversos países, como Benin, Burkina Faso, Mauritania, Sierra Leona, Gambia y Togo dedican entre 11.6 % y 17.6% del presupuesto de su Gobierno Central a gastos militares, mientras otros como Costa de Marfil,, Ghana, Malí y Níger dedican entre 4.7 % y 5.6%.
Oscar Arias formuló entonces la pregunta clave: "¿cómo puede Africa, que en el año 2050 tendrá aproximadamente una población de 2,000 millones de habitantes, con un ingreso anual per cápita que quien sabe no sobrepase los cuatrocientos dólares, responder por el desarrollo humano de su gente, acosada por la pobreza, si desgasta sus muy escasos recursos financieros en crecientes presupuestos militares?"
La tierra de las jirafas es también tierra de pobreza extrema, conflictos violentos y regímenes dictatoriales. Necesita una exigente desmilitarización.

101 años de Panamá América

 
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