Centenario, independencia y nacionalidad
Publicado 2003/06/16 23:00:00
- Julio E. Linares Franco
La autonomía como nación independiente fue una aspiración constante del pueblo panameño desde el mismo instante de nuestra emancipación de España en 1821. Prueba de ello son las secesiones de 1830, 1831, 1840 y 1861, así como la creación del Estado Soberano de Panamá en 1855. Fueron causas mediatas de la independencia la anarquía, el desgobierno y las constantes luchas fraticidas en la Gran Colombia que impedían al Istmo cualquier posibilidad de progreso, todo esto aunado a la postración económica producida por el fracaso del proyecto del canal francés, y los devastadores efectos de la guerra de los mil días.
No puede ocultar lo anterior el propio historiador colombiano y uno de los precursores de la leyenda negra, Eduardo Lamaitre, cuando afirma "que la guerra civil, pero sobre todo la guerra en el istmo, fue factor tan decisivo en la separación de Panamá como el mismo desgobierno a que la división conservadora llevaba al país". Y más adelante agrega: "Así, cuando la paz sobrevino, no pocos istmeños ...., se empezaron a preguntar si valía la pena continuar unidos a una nación que necesitaba la ayuda extranjera para garantizarles su soberanía, y los arrastraba dentro de la vorágine de sus trastornos intestinos, que se sumaban a los propios".
Le queda a los istmeños la posible ratificación del Tratado Herrán - Hay, como última esperanza para evitar la ruina del istmo. Se dan, incluso, manifestaciones públicas de apoyo a su aprobación como las del Consejo Municipal de Panamá, así como las del Dr. Pablo Arosemena, Ricardo Arias y Juan Antonio Henríquez. Previendo la negación de dicho tratado, José Agustín Arango inicia la conjura sumando en primera instancia a Manuel Amador Guerrero, enviando al Cáp. James R. Beers a los Estados Unidos e integrando la Junta Separatista, la cual inicia inmediatamente un proselitismo paulatino para la secesión.
El 3 de noviembre de 1903 una muchedumbre en aumento encabezada por el Gral. Domingo Díaz, Pedro A. Díaz y Carlos Clement, se cita con la Patria en el Parque de Santa Ana y da inicio a la gran "Marcha de la Independencia"; José Gabriel Duque como Comandante del Cuerpo de Bomberos, organiza a los camisas rojas para tomar las armas del Cuartel Chiriquí a favor de la nueva república; el Gral. Esteban Huertas arresta en Panamá a los comandantes del Batallón Tiradores estacionado en Colón, al negarse el coronel J. R. Shaler en su condición de Superintendente del Ferrocarril, transportar a las tropas colombianas de la costa atlántica a la capital alegando una supuesta mora del gobierno con la empresa, en el pago de sus obligaciones pecuniarias; el coronel Leoncio Tascón, quien se encontraba apertrechado en Penonomé con parte del Batallón Colombia desde el 25 de octubre para hacerle frente a una supuesta invasión de nicaragüenses al istmo, abraza inmediatamente la causa secesionista; el teniente Raúl Chevalier contesta con disparos de artillería desde Las Bóvedas, el ataque de cañones perpetrado por el Vapor Bogotá; Alejandro De la Guardia no espera que el eco de estos cañones se disipe, cuando toma la bandera de la nueva república y, seguido de una multitud, la pasea con orgullo por la Avenida Central y la Avenida A.
La noche del 3 de noviembre se instala en el Hotel Central la Junta de Gobierno Provisional encabezada por José Agustín Arango, Tomas Arias y Federico Boyd. Al día siguiente y luego de haber convocado al pueblo a Cabildo Abierto la noche anterior, se reúne el Consejo Municipal del Distrito de Panamá presidido por Demetrio H. Brid y se firma el Acta de Independencia, redactada por el Dr. Carlos A. Mendoza. A vuelo de pájaro, es así como nace la nueva república y de estos hechos, por más insignificantes que les parezcan a los defensores de la leyenda negra, nos debemos sentir orgullosos todos los panameños.
Paralelamente, es innegable el papel protagónico de Estados Unidos en apoyo a nuestra causa. Pero contrario a la verdad histórica sería pretender considerar a Panamá como un país artificial engendrado por Teodoro Roosevelt o por "Wall Street". En ese sentido se manifestó en su momento Walter LaFeber, profesor de historia en la Universidad de Cornell y ganador del premio Beveridge de la Asociación Americana de Historia. Y tampoco falta a la verdad el propio Philippe Bunau Varilla cuando escribe en 1914 lo siguiente: "Colombia puede decir hoy que la República de Panamá nació debido a la protección Americana. Esto es verdad si la palabra protección se entiende como expresión de solidaridad entre el poderoso y el débil en la defensa de un interés común y legítimo. Ella no nació de una conspiración fomentada por las autoridades americanas. Ella se desarrolló debido a movimientos simultáneos y paralelos, pero diferentes, en dos esferas de una misma aspiración: la terminación del Canal de Panamá. Cada uno permaneció en su propio lugar y representó el papel que le correspondía".
No humillemos o rebajemos la figura de nuestros próceres por lo acontecido el 3 de noviembre de 1903. Evitemos que las pasiones políticas o ideológicas desvíen el verdadero significado de nuestra nacionalidad, y así valoraremos en su justa dimensión la celebración del Centenario de nuestra República.
No puede ocultar lo anterior el propio historiador colombiano y uno de los precursores de la leyenda negra, Eduardo Lamaitre, cuando afirma "que la guerra civil, pero sobre todo la guerra en el istmo, fue factor tan decisivo en la separación de Panamá como el mismo desgobierno a que la división conservadora llevaba al país". Y más adelante agrega: "Así, cuando la paz sobrevino, no pocos istmeños ...., se empezaron a preguntar si valía la pena continuar unidos a una nación que necesitaba la ayuda extranjera para garantizarles su soberanía, y los arrastraba dentro de la vorágine de sus trastornos intestinos, que se sumaban a los propios".
Le queda a los istmeños la posible ratificación del Tratado Herrán - Hay, como última esperanza para evitar la ruina del istmo. Se dan, incluso, manifestaciones públicas de apoyo a su aprobación como las del Consejo Municipal de Panamá, así como las del Dr. Pablo Arosemena, Ricardo Arias y Juan Antonio Henríquez. Previendo la negación de dicho tratado, José Agustín Arango inicia la conjura sumando en primera instancia a Manuel Amador Guerrero, enviando al Cáp. James R. Beers a los Estados Unidos e integrando la Junta Separatista, la cual inicia inmediatamente un proselitismo paulatino para la secesión.
El 3 de noviembre de 1903 una muchedumbre en aumento encabezada por el Gral. Domingo Díaz, Pedro A. Díaz y Carlos Clement, se cita con la Patria en el Parque de Santa Ana y da inicio a la gran "Marcha de la Independencia"; José Gabriel Duque como Comandante del Cuerpo de Bomberos, organiza a los camisas rojas para tomar las armas del Cuartel Chiriquí a favor de la nueva república; el Gral. Esteban Huertas arresta en Panamá a los comandantes del Batallón Tiradores estacionado en Colón, al negarse el coronel J. R. Shaler en su condición de Superintendente del Ferrocarril, transportar a las tropas colombianas de la costa atlántica a la capital alegando una supuesta mora del gobierno con la empresa, en el pago de sus obligaciones pecuniarias; el coronel Leoncio Tascón, quien se encontraba apertrechado en Penonomé con parte del Batallón Colombia desde el 25 de octubre para hacerle frente a una supuesta invasión de nicaragüenses al istmo, abraza inmediatamente la causa secesionista; el teniente Raúl Chevalier contesta con disparos de artillería desde Las Bóvedas, el ataque de cañones perpetrado por el Vapor Bogotá; Alejandro De la Guardia no espera que el eco de estos cañones se disipe, cuando toma la bandera de la nueva república y, seguido de una multitud, la pasea con orgullo por la Avenida Central y la Avenida A.
La noche del 3 de noviembre se instala en el Hotel Central la Junta de Gobierno Provisional encabezada por José Agustín Arango, Tomas Arias y Federico Boyd. Al día siguiente y luego de haber convocado al pueblo a Cabildo Abierto la noche anterior, se reúne el Consejo Municipal del Distrito de Panamá presidido por Demetrio H. Brid y se firma el Acta de Independencia, redactada por el Dr. Carlos A. Mendoza. A vuelo de pájaro, es así como nace la nueva república y de estos hechos, por más insignificantes que les parezcan a los defensores de la leyenda negra, nos debemos sentir orgullosos todos los panameños.
Paralelamente, es innegable el papel protagónico de Estados Unidos en apoyo a nuestra causa. Pero contrario a la verdad histórica sería pretender considerar a Panamá como un país artificial engendrado por Teodoro Roosevelt o por "Wall Street". En ese sentido se manifestó en su momento Walter LaFeber, profesor de historia en la Universidad de Cornell y ganador del premio Beveridge de la Asociación Americana de Historia. Y tampoco falta a la verdad el propio Philippe Bunau Varilla cuando escribe en 1914 lo siguiente: "Colombia puede decir hoy que la República de Panamá nació debido a la protección Americana. Esto es verdad si la palabra protección se entiende como expresión de solidaridad entre el poderoso y el débil en la defensa de un interés común y legítimo. Ella no nació de una conspiración fomentada por las autoridades americanas. Ella se desarrolló debido a movimientos simultáneos y paralelos, pero diferentes, en dos esferas de una misma aspiración: la terminación del Canal de Panamá. Cada uno permaneció en su propio lugar y representó el papel que le correspondía".
No humillemos o rebajemos la figura de nuestros próceres por lo acontecido el 3 de noviembre de 1903. Evitemos que las pasiones políticas o ideológicas desvíen el verdadero significado de nuestra nacionalidad, y así valoraremos en su justa dimensión la celebración del Centenario de nuestra República.
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