Panamá
Conciencia colectiva frente a la situación del país
- Azihra Valdés
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- Directora de Dipred
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La conciencia colectiva frente al caos es un concepto profundo que remite a cómo una sociedad responde de forma conjunta y organizada —o desorganizada— ante situaciones de crisis, desorden o incertidumbre. Aquí se entrelazan ideas de psicología social, filosofía, política y sociología.
Muchos califican la actual situación del país como "crisis", a mí me parece que nuestra embarcación atraviesa una turbulenta tempestad, o sea una tormenta particularmente fuerte, con vientos agitados. En términos atmosféricos, la turbulencia es consecuencia de cambios en la velocidad del aire o a la presencia de corrientes de aire, lo que causa que nuestra nave se mueva de forma errática a parte que ya tiene filtraciones y se está llenando de agua.
No entraremos a explicar quiénes representan esas "corrientes de aire" que provocan esta turbulencia. Definamos primero el concepto "conciencia colectiva". Según Émile Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, la conciencia colectiva es el conjunto de creencias, valores, actitudes y normas compartidas por una sociedad que sirven de marco para la cohesión social.
En casos como los que estamos atravesando en Panamá, la estabilidad del sistema social se ve amenazada y la conciencia colectiva frente a situaciones de este tipo generalmente tiene tres caminos.
La reacción solidaria y cooperativa que se basa en la empatía, resiliencia y el liderazgo comunitario y lo hemos vivido durante desastres naturales, en comunidades que se organizan para rescatar, alimentar y cuidar a los afectados. Esta trae como resultado una transformación positiva y el refuerzo del tejido social.
También puede surgir una reacción desorganizada o egoísta que sobreviene del miedo, la desinformación y la desconfianza en instituciones. Aquí las consecuencias pueden ir desde protestas violentas, saqueos y el sálvese quien pueda, provocando un caos mayor una fragmentación social y en países como el nuestro empeorar la desigualdad social.
Pero igualmente puede darse el despertar de una nueva conciencia con movimientos sociales auténticos post-crisis, con una sólida organización y visión de futuro que nos lleve a un cambio cultural y construya nuevas estructuras en el país.
He aquí la importancia de cómo reaccionamos frente a una crisis, la forma en que actuamos colectivamente define no solo cómo salimos de ella, sino qué tipo de sociedad reconstruimos después.
La crisis social no es una condición anómala del orden, es su posibilidad oculta y de cómo respondemos a él, nace una conciencia colectiva más fuerte o una decadencia silenciosa.
Si reflexionamos un poco más sobre lo que está pasando en Panamá, nos daremos cuenta que en una crisis no todos están en el mismo barco. Algunos están en yates, otros en balsas, y muchos apenas flotando. Pero la tormenta preocupa y peligramos todos.
La pregunta es ¿quiénes ganan y quiénes pierden en las crisis sociales? Es esencial para comprender las dinámicas de lo que se persigue con estas situaciones. Las crisis, aunque suelen traer sufrimiento, también generan reacomodamientos estructurales que benefician a unos y perjudican a otros.
En el escenario actual pierden los trabajadores informales, los desempleados, los pobres y los migrantes.
Los más vulnerables que carecen de redes de apoyo y acceso a recursos, sufren primero los efectos del desempleo, el colapso de los servicios y el posterior aumento en el costo de la vida.
Actividades de sectores públicos como la educación, la salud y la seguridad ciudadana se ven mermadas porque la situación obliga a que se hagan aún más recortes a sus presupuestos, debilitando el tejido social a largo plazo.
Los que ganan pueden ser las autoridades o los populistas. El capital especulativo y sectores que concentran el poder, inversionistas que apuestan a la caída de mercados o empresas con poder que reciben rescates estatales.
No obstante podemos aspirar a transformaciones positivas (ni ganadores ni perdedores definidos), quienes detectan nuevas necesidades y crean soluciones tales como movimientos sociales organizados que logren canalizar el malestar, hacer reformas estructurales o cambios de paradigma.
No es hora de buscar quiénes ganan y quiénes pierden en este barco que hace aguas. Una crisis social es la mejor oportunidad para luchar por nuestras creencias, valores, y que éstos sean el marco de la cohesión social, para aprender a nadar juntos y salir a flote.
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