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Empleo y desempleo: 1. La situación bajo el actual Gobierno


El principal problema socio-económico que tenemos en Panamá, como en muchas partes del mundo, es el problema del desempleo, o mejor dicho del empleo en su cantidad y su calidad. El Panorama Laboral 1997 que publica la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre América Latina y el Caribe, nos proporciona una gran cantidad de información, que debemos aprovechar para acordar líneas básicas de acción que conduzcan a la superación de este problema. De ella depende en gran parte el bienestar de nuestra población y el futuro de nuestro país.
Vale la pena, por ello, resumir los apuntes específicos sobre la situación laboral en Panamá que contiene el informe, bajo diversos aspectos:
1. Desempeño del mercado laboral. El desempeño del mercado de trabajo de nuestro país en 1997 no tuvo un nivel de alta calidad que tuvieron tres de los países considerados; ni un nivel de baja calidad de dos de los países, sino un nivel de mediana calidad que tuvieron nueve países. Esto quiere decir que los deterioros en algunos indicadores contrarrestaron las mejoras en otros.
Para Panamá, en positivo se reporta una baja en el desempleo abierto (no se habla del encubierto en forma de subempleo); en neutral se reporta un nivel igual de informalidad en el empleo, y en negativo se reporta una reducción en productividad por ocupado. La reducción es de 4.7%, la mayor merma en toda la región.
2. Nivel del desempleo. La OIT da la tasa de desempleo a nivel nacional sólo hasta 1996, a saber 13.9%, seis décimas por encima de la de 1993. Del desempleo abierto en el sector urbano se dan las tasas siguientes: 1985, 15.7%; 1990, 20%; 1991, 20%; 1992, 18.2%; 1993, 15.6%; 1994, 15.8%, 1995, 16.4%; 1996, 16.9%; 1997, 15.3% (hasta el tercer trimestre). Resulta que nuestra tasa de este desempleo urbano abierto duplica la tasa promedio del desempleo general de toda América Latina y el Caribe; que somos el cuarto país con más alto desempleo de tal tipo y que nuestra tasa de este año es sólo tres décimas de un punto menor que la tasa de 1993.
No es para vanagloriarse. Sobre todo que el desempleo de las mujeres y el de los jóvenes (entre 15 y 24 años) presentan en 1996 tasas de 19.4% y 29.5% respectivamente, mucho peores que la tasa de 11% de los hombres. En el caso de los hombres y los jóvenes estas tasas son superiores a las de 1993, mientras que en el caso de las mujeres la tasa es inferior en ocho décimas de un punto a la de 1993.
El aumento del empleo fue alto en Panamá de 1990 a 1996, debido a una alta elasticidad empleo-producto asociada a la fase de recuperación económica. También lo fue en 1997. Pero no disminuyó mucho el desempleo, porque la fuerza de trabajo continuó creciendo aceleradamente. Este crecimiento provino en la región de la migración desde las áreas rurales, de la incorporación al trabajo de las mujeres de todos los niveles sociales, y de la pobreza que hace que más miembros de las familias se incorporen al trabajo para obtener sus ingresos indispensables.
3. Estructura del empleo. En la región de cada 100 empleos generados de 1990 a 1996, 85 fueron en el empleo informal y sólo 15 en el empleo moderno entre los empleados privados, puesto que los empleados públicos se redujeron. El empleo moderno disminuyó así del 48% al 43% del empleo total, mientras que el empleo moderno privado se redujo del 33% al 30% del mismo y el empleo moderno público también se redujo. Lo que aumentó en porcentaje fue el empleo informal, que pasó de 52% a 57% con las microempresas como su factor más dinámico.
La estructura fue diferente en Panamá. El empleo público moderno aumentó moderadamente. (Preciso, por mi parte, que ello sucedió durante los dos primeros años del actual Gobierno, puesto que el Gobierno anterior redujo el número de empleados públicos en aproximadamente 6,000, aún cuando también redujo el desempleo de 20% a 15.8%). El empleo privado moderno se mantuvo constante. El porcentaje del empleo en los servicios respecto al total disminuyó, pero su productividad ha sido superior a la del empleo en la producción de bienes.
El aumento en el empleo total se repartió entre el empleo público moderno y el empleo informal, sobre todo el de las microempresas, aunque éstas no fueron tan dinámicas en generar empleos como en otros países y también aumentaron los informales independientes. De todos modos el empleo informal no aumentó su porcentaje del empleo total apreciablemente. Entre 1989 y 1995 en Panamá el empleo informal representó el 38% del total, con un promedio de 9 años de estudio, y el empleo moderno el 62%, con un promedio de 12 años de estudio.
4. Nivel de los ingresos. En la región el salario mínimo real promedio ponderado creció 5.9% en 1997, mientras que en Panamá sólo creció 2.1% de 1990 a 1996 y 1% de 1996 a 1997. Este nivel de salario mínimo ha representado el 35% del salario del empleo moderno privado y el 64.9% del empleo informal de las microempresas. Otorgó a los beneficiarios de dicho salario mínimo la capacidad de adquirir el equivalente a 3 canastas básicas para individuos, lo cual es insuficiente para una familia de 4 a 5 individuos.
En la región de 1990 a 1996 la generación de nuevos empleos no mejoró la equidad, pero la pobreza se mantuvo constante o disminuyó. Sin embargo, en materia de ingresos y de expansión de empleos, los más pobres fueron los menos beneficiados. En Panamá la desigualdad en la distribución de ingresos, aunque no aumentó, se mantuvo con igual razón en 1995 que en 1989. El 46% de los trabajadores de las microempresas percibieron un ingreso mensual inferior al salario mínimo legal, pero de 1989 a 1995 los ingresos en el empleo informal pasaron del 48% al 54% de los del empleo moderno.
El Gobierno actual tiene estas informaciones, pero no las asimila. Tampoco las somete a una discusión seria con los sectores económicos, ni tan siquiera con la Comisión de Alto Nivel para el Seguimiento al Plan de Empleo de la Administración que él mismo nombró, menos aún con la opinión pública. Se dedica más bien a encubrir los hechos de deterioro y a vanagloriarse de los hechos de mejoría, a un nivel publicitario superficial y manipulador.
Si por imposible se diera la reelección del Presidente, continuaríamos sin encarar el grave problema de la peor reducción de productividad de la región, de una tasa de desempleo abierto urbano el doble del promedio general de la región, de un empleo privado moderno que no crece a un ritmo acelerado y de ingresos sin equidad, sobre todo para los informales.
En realidad el Gobierno no tiene política de empleo y espera que el desempleo se resuelva por sí solo como resultado automático del crecimiento. No reconoce que se necesitan tasas de crecimiento sostenido entre el 5% y el 6% para reabsorber el desempleo, pero que como advierte la OIT "las tasas altas de crecimiento son condición necesaria pero no suficiente". Necesitamos por ello un cambio de Gobierno para producir una toma de conciencia actuante con respecto al desempleo.
¿Qué esperar de un nuevo Gobierno? Veremos algunas sugerencias de la OIT.

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