Enfoque reflexivo de la Educación en Panamá
- Dr. Virgilio Sousa Valdés
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- Doctor en Educación, Abogado, Criminólogo
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Hablar de Educación en Panamá es adentrarse a una paradoja, mientras el país proyecta al mundo la imagen de centro logístico próspero con imponentes rascacielos y el canal como centro marítimo mundial tenemos, bajo ese deslumbrante crecimiento económico del país, late un corazón educativo en estado de agotamiento profundo, con una ley orgánica que rige la educación desde hace más de 75 años e infraestructuras con aulas ranchos. Situación diagnóstica que confiere una gran oportunidad al nuevo ministro para realizar los cambios que el sistema necesita.
La persistencia de una estructura educativa anclada en el pasado, sin una política pública de educación ha generado una desconexión critica entre lo que ocurre en las aulas y las exigencias del entorno productivo y social. No se trata solo de construir más centros o de renovar más mobiliario, el problema radica en la propia esencia de lo que estamos enseñando y como lo transmitimos. Hemos permitido que el aprendizaje se convierta en una constante memorización, sin ayudar al objeto y sujeto de la educación nuestros estudiantes a ser creativos, con la capacidad de discernir, pensar, de analizar críticamente, con habilidades blandas, innovar y reinventarse constantemente.
Nadie estudia para ser ministro parafraseando al recién nombrado en la cartera de educación, no obstante lo anterior, la oportunidad y la coyuntura al asumir las riendas de tan importante cartera le permiten hacer los cambios hacia una verdadera refundación educativa en Panamá.
Actualmente existe un divorcio entre la oferta académica universitaria, la oferta académica universitaria y las competencias que realmente demandan los sectores productivos del comercio enfocados en la tecnología, turismo, energética y logística, por tal razón consideramos que es de prioridad que las universidades adopten modelos de homologación de créditos y fomenten una vinculación directa con los sectores productivos permitiéndoles a los estudiantes desarrollar habilidades prácticas y competencias como la empatía, liderazgo, comunicación asertiva, así mismo como la alfabetización digital y el dominio de competencias STEM ( Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en un mundo donde la inteligencia artificial desplazará las tareas mecánicas y repetitivas.
El horizonte a mediano plazo nos demanda una construcción de un nuevo contrato educativo, es necesario un Código Educativo o una reforma educativa, hay que reemplazar la actual legislación de temas educativos dispersas que existe en leyes, decretos, reglamentos, resoluciones, que aun cuando han tratado de unificarse contienen una visión obsoleta del sistema, razón por la cual la meta debe ser la unificación por alcanzar un pacto nacional por la Educación, sin convertirlo en un ejercicio retórico y con un compromiso vinculante del Estado blindado contra los vaivenes ciclos de cada quinquenio en la gestión pública para logar una Educación de excelencia y calidad.
Para lograrlo, la evaluación docente debe dejar de ser un motivo de confrontación y convertirse en el motor de la calidad y la excelencia, con docentes dotados de las herramientas adecuadas para liderar de la mano de las autoridades la transformación con oportunidades de formación continua de alto nivel, con incentivos vinculados a la calidad de los aprendizajes logrados y una carrera profesional que valore el mérito sobre todas las cosas.
Es hora de asumir el reto todos unidos, estudiantes, maestros, directores, padres de familia, autoridades y diputados, la educación es la inversión más grande no es solo una consigna inspiradora es un principio fundamental del desarrollo socioeconómico del país. A diferencia de la infraestructura material, que se deprecia con el tiempo, que no es menos importante, el conocimiento, las habilidades y el pensamiento crítico generan rendimiento exponenciales y sostenibles a lo largo de las generaciones.
Una política Educativa de Estado y una nueva legislación educativa, transformará profundamente la estructura de la nación, nuestra educación debe ser la vía por la que transite nuestro pensamiento hacia el progreso.
Suena idealista pero la verdadera riqueza de una nación reside en la capacidad intelectual y creativa de su gente. Asumir ese desafío por encima de cualquier otro interés es el mayor deber patriótico que tenemos todos los panameños, el tiempo de reformas parciales ha terminado, ha llegado el momento de rediseñar nuestra identidad nacional y definir hacia dónde vamos a través de una educación que inspire, que cuestione y que sobre todo, nos lleve a una generación con un futuro de posibilidades ilimitadas con una educación de excelencia y calidad.

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