Panamá
Inteligencia artificial o sesgo mental autoimpuesto
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
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- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial e-mail: rdcg31@hotmail.com
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- ORCID iD: https:
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- orcid.org
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- 0000-0002-6094-5458
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A partir de la segunda mitad del siglo XX, la humanidad se preocupó mucho más por el futuro, surgiendo conceptos vanguardistas en la moda y el arte, avances importantes en materia de ciencia, tecnología e innovación (CTI), una mayor preocupación por la salud y el ambiente, crisis energética y disputas por recursos naturales; sirviendo a su vez estos como fuente de inspiración para el entretenimiento, a través de películas, videojuegos, novelas, series de televisión, etc.
Sin duda alguna, el surgimiento de la inteligencia artificial (IA), como campo de estudio formal a inicios de la segunda mitad del siglo XX, marcó un hito importante en la historia de la humanidad. La idea de contar con máquinas o dispositivos autómatas, capaces de "pensar" y actuar por sí mismos, resulta interesante y para algunos sumamente apasionante. Sin embargo, trasladándonos al presente, en el cual uno de los principales usos que las personas le están dando a este recurso tecnológico es la búsqueda de información, surge la inquietud de que esto, mal gestionado, puede derivar en un sesgo mental autoimpuesto, en muchos casos de manera involuntaria.
La razón para tal afirmación se enmarca en lo siguiente:
1. La ley de la parsimonia nos lleva hacia "dogmas convenientes". Considerando que la IA ante las situaciones planteadas ocupa los recursos disponibles, a fin de "optimizar" los procesos, se centra en lo común, pudiendo desestimar en el camino otros elementos que invitan a desarrollar nuevos hilos argumentativos en búsqueda de otras posibles respuestas. Es decir, inevitablemente se cae en la ley de la parsimonia, con la cual la explicación más simple y llana es privilegiada, sesgando la oportunidad de profundizar aún más la exploración del conocimiento y el análisis sobre el mismo.
2. El ahorro de tiempo sacrifica procesos formativos de enseñanza y aprendizaje. Independientemente que se trate de una instrucción formal (colegio o universidad) o si se opta por el camino autodidacta, la facilidad con la que la IA nos brinda respuestas puede comprometer el desarrollo de talentos y habilidades necesarios para internalizar el conocimiento y valorarlo en su justa dimensión. Posiblemente, en el caso de personas más experimentadas, que han pasado por procesos formativos más rigurosos o que cuenten con talentos sui generis, la IA es una herramienta que les facilita su labor, pero sin reemplazar los procesos cognitivos que les han llevado a plantear posturas críticas definidas.
3. La generación de cristal "abraza la IA". Si bien la denominada generación z o generación de cristal se caracteriza por su relación estrecha con la tecnología desde el nacimiento (nativos digitales), persisten temores y preocupaciones, como el hecho de que la IA reemplace una cuota significativa de puestos de trabajo, que la capacidad para razonar sea tan dependiente de lo que la IA dictamine o que deban estar actualizándose continuamente, en función de la presión y tendencias impuestas por el mercado laboral en función de la IA. Más que ubicar a la generación z como simples tecnófilos, se ven forzados a mantenerse en conexión constante, lo que se agudizó aún más tras la pandemia por COVID-19.
En síntesis, la IA utilizada de manera imprudente, temeraria e irresponsable, puede llevarnos a cometer errores que, más que limitarse a respuestas equivocadas, pueden comprometer procesos importantes en el desarrollo mental del ser humano. Dado que cada persona posee talentos y habilidades particulares, una gestión adecuada de las herramientas en los procesos de enseñanza y aprendizaje (incluida la IA), también pueden ser motores de desarrollo sostenible importantes, en aras de lograr ciudadanos globales más versátiles y resilientes en un mundo cada vez más cambiante.

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