Juventud, voluntad de poder y desarrollo nacional
- Víctor J. Alexis D.
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- Director- Centro Regional Universitario Colón, UP
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El desempleo juvenil en Panamá se ha convertido en una herida abierta que compromete el porvenir del país. Datos de la Contraloría General de la República al segundo trimestre de 2025 muestran que 18,4% de los jóvenes en edad de 15 a 24 años están desempleados, lo que duplica la tasa nacional de desocupación estimada en 7,7%. Las provincias con mayor desempleo juvenil son Panamá, Panamá Oeste y Colón. Pero, más allá de las estadísticas, la elevada desocupación en la juventud va erosionando la esperanza; pues, sin oportunidades para los jóvenes, no hay desarrollo nacional.
La destacada filósofa estadounidense contemporánea Martha Nussbaum sostiene que el verdadero desarrollo se entiende por las capacidades reales que tienen las personas para vivir con dignidad, visión que comparte con Amartya Sen, premio Nobel de Economía y cofundador junto a ella de la Teoría de las Capacidades. Este planteamiento coincide con el concepto de Desarrollo Humano impulsado por el PNUD, que lo define como "la expansión de las libertades y capacidades reales de las personas para vivir la vida que valoran, más allá del crecimiento económico". En ese sentido, cuando los jóvenes carecen de empleo, se les limita la posibilidad de desplegar sus capacidades y construir sus proyectos existenciales de vida; en consecuencia, el desempleo juvenil conduce a la desesperanza, reduce la innovación y expone al país a una decadencia colectiva que solo puede revertirse con políticas que conviertan a la juventud en motor del desarrollo nacional.
El filósofo francés Albert Camus escribió que “la verdadera generosidad hacia el futuro consiste en darlo todo al presente”. Se entiende con ello que el futuro no debe ser una promesa abstracta, depende de la acción del presente. Esta reflexión cobra relevancia en el contexto panameño, por lo que crear las condiciones e invertir hoy en políticas educativas y laborales que garanticen empleos decentes para los jóvenes, es ampliar las capacidades humanas y propiciar un contexto de bienestar. Ignorar esto equivale a condenar a una generación a la desesperanza y, con ello, debilitar las bases mismas de la nación.
La relación entre sector público, educación superior y sector privado emerge como el trio indispensable. Es necesario y urgente consolidar alianzas entre gobierno, universidades y empresas, que faciliten la transición de los jóvenes hacia el mundo laboral a través de, por ejemplo, la coordinación de ferias de empleos. En palabras del influyente filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la voluntad de poder es la fuerza vital que impulsa a los seres humanos a superar obstáculos y crear nuevos horizontes. Esa voluntad late hoy en cada joven que estudia, que se forma, que se prepara para progresar como persona y aportar al país.
De cara al año 2026 debemos mirar con esperanza y determinación. Corresponde al gobierno crear las condiciones e incentivos para la inversión privada y garantizar los recursos necesarios y suficientes para la educación en todos los niveles. Creo firmemente en una alianza entre Gobierno, Universidad y Empresa, capaz de marcar el inicio de una nueva etapa hacia un país de más oportunidades para la juventud, ofreciéndoles las puertas hacia un futuro que están llamados a conquistar mediante la preparación académica y su voluntad de poder, convertida en motor del desarrollo nacional.

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