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La ciencia política frente a la política


La ciencia política versa sobre la institucionalidad de un país y la congruencia sistémica de su ordenamiento jurídico con ésta. Del proceso para la redacción de su Constitución Nacional, y de las leyes y demás instrumentos legales que deben apegarse a la misma, en absoluta aquiescencia a su contexto. La escogencia o no del concepto de normas enunciativas, programáticas o proteccionista, redactadas en esa Constitución.

La democracia representativa requiere de una Constitución cuyas normas, preferiblemente, sean de carácter enunciativo, ello facilita la dinámica legislativa en el ajuste o cambio de leyes sin requerir cambios constitucionales en su generación. Nunca debe ser proteccionista, pues ello desfasa el sentido cierto del principio constitucional.

El ejercicio de la política gubernamental, partidista o independiente, requiere creatividad frente a las soluciones de problemas o circunstancias que se van enfrentando en el devenir de la vida ciudadana, en las aspiraciones de formar gobierno o del ejercicio mismo de gobernar. Su base de referencia siempre deben ser los dictámenes constitucionales, su apego a ellos es inevitable. Naturalmente, en ocasiones, se hace necesario efectuar cambios constitucionales, siempre de manera funcional, sin afectar lo medular, pues lo más realista se dirige a que, mayormente, los cambios deben ser, absolutamente infrecuentes.

La historia política panameña, antes y después del militarismo, requirió de cambios constitucionales frecuentes. Lo triste de todo esto es la incongruencia que, en todo momento, conformaron dichos cambios y que, como resultado, la misma representa un conjunto de parches anacrónicos que inciden en la fragilidad de nuestra institucionalidad democrática.

Nuestra Constitución Nacional no representa un marco de referencia de principios democráticos afectos a la ciudadanía, representa más bien la vestimenta, a la talla, del partidismo político. El marco de la facilitación de antojos, meramente, políticos.

La historia demuestra que los textos constitucionales deben registrar los valores éticos, sociales, morales, ideológicos y culturales de las fuerzas vivas de una nación; igualmente, nos indica que si las constituciones no reflejan tales valores, tarde que temprano, la insatisfacción popular irá creciendo en forma exponencial, hasta que se torne inaceptable y ella traerá, como consecuencia inevitable, una reacción que exigirá cambios efectivos a la Carta Fundamental.

¿Para qué esperar que la paciencia del pueblo panameño se agote conflictivamente, cuando es de urgencia, perfectamente posible y prioritario atender el clamor popular que ya exige cambios, fundamentales e integrales, en nuestra Carta Magna?

101 años de Panamá América

 
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