Panamá
Malvinas: cuando la historia vuelve a derrotar al olvido
- Jaime Figueroa Navarro
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"Los pueblos que olvidan su historia renuncian a construir su futuro." Pocas circunstancias ilustran mejor esa realidad que lo ocurrido tras el reciente partido entre Argentina e Inglaterra. Cuando el árbitro señaló el final del encuentro, el marcador dejó de ser la noticia. Un letrero con la inscripción "Las Malvinas son argentinas" recorrió el mundo y recordó que, para millones de latinoamericanos, la cuestión de las Islas Malvinas sigue siendo una causa de soberanía pendiente de resolución.
No fue un simple gesto de ocasión ni una consigna improvisada. Fue la expresión de una convicción histórica que ha sobrevivido a gobiernos, generaciones y coyunturas políticas. Porque las Malvinas no representan únicamente un territorio en disputa; simbolizan, para gran parte de América Latina, uno de los últimos vestigios del colonialismo en el continente.
Quienes hemos tenido la oportunidad de recorrer tanto la Argentina continental como las Islas Malvinas entendemos que el reclamo argentino está profundamente arraigado en la identidad nacional. No es una reivindicación circunstancial ni una bandera que aparece únicamente en momentos de tensión. Está presente en las escuelas, en la cultura, en los monumentos y en la memoria de quienes crecieron viendo las Malvinas como parte inseparable de su territorio nacional.
Esa experiencia permite comprender que la causa de las Malvinas trasciende la política. Es un componente de la identidad argentina, una convicción que permanece viva generación tras generación y que explica por qué cualquier escenario internacional, incluso un estadio de fútbol, se convierte en un espacio para recordar una reivindicación que consideran irrenunciable.
Desde Panamá, esa causa encuentra una comprensión natural. Nuestra historia también estuvo marcada por la existencia de un enclave administrado por una potencia extranjera dentro del territorio nacional. Durante casi un siglo, la antigua Zona del Canal representó una limitación a la plena soberanía panameña. Muchos, dentro y fuera del país, consideraban imposible modificar aquella realidad.
Sin embargo, la historia tomó otro rumbo. Los Tratados Canaleros condujeron a la desaparición de la Zona del Canal y a la reversión total del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Panamá demostró que las causas nacionales pueden encontrar respuesta cuando la perseverancia, la diplomacia y el derecho internacional marchan en la misma dirección.
Precisamente por esa experiencia histórica, no resulta extraño que numerosos panameños observen con simpatía la posición argentina sobre las Islas Malvinas. Ambos países conocen el significado de defender la soberanía como un principio irrenunciable y de comprender que la descolonización no constituye únicamente un episodio del pasado, sino un proceso que aún presenta desafíos pendientes.
El mensaje desplegado tras el encuentro entre Argentina e Inglaterra recordó precisamente eso: que la cuestión de las Malvinas continúa viva porque responde a un reclamo histórico que ha sobrevivido al paso del tiempo. Los noventa minutos terminaron. La reivindicación de soberanía permanece.
América Latina ha construido buena parte de su identidad política sobre el rechazo al colonialismo y la defensa de la integridad territorial. La recuperación del Canal de Panamá fue una victoria de esos principios. El reclamo argentino por las Islas Malvinas forma parte de esa misma tradición latinoamericana de defensa de la soberanía y de la búsqueda de soluciones mediante el derecho internacional.
El letrero desplegado tras el partido no fue una provocación; fue un recordatorio. Recordó que las Malvinas continúan siendo una causa nacional para la Argentina y un asunto pendiente en la agenda internacional. También recordó que América Latina no ha renunciado a la convicción de que el colonialismo no puede tener cabida en el siglo XXI.
Los panameños conocemos el valor de la perseverancia cuando se trata de defender la soberanía. Durante décadas, la recuperación de la Zona del Canal pareció una aspiración inalcanzable. Sin embargo, la firmeza de una política de Estado, el respaldo del derecho internacional y la determinación de un pueblo hicieron posible que Panamá recuperara plenamente el ejercicio de su soberanía.
La historia demuestra que las causas nacionales sostenidas con firmeza, paciencia y diplomacia rara vez desaparecen; por el contrario, permanecen vivas hasta encontrar una oportunidad para ser escuchadas. La experiencia panameña es prueba de ello. Por esa misma razón, el reclamo argentino sobre las Islas Malvinas continúa ocupando un lugar relevante en la conciencia latinoamericana y seguirá siendo, para muchos en la región, una causa de soberanía cuya solución solo podrá alcanzarse mediante el diálogo, el derecho internacional y el compromiso con la culminación de los procesos de descolonización.

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