No dejes de caminar
No dejes de caminar
Este consejo, "no dejes de caminar", textualmente tiene una gran aplicación: el caminar, el movernos, el ejercicio físico de acuerdo con la edad de cada uno es salud. El sedentarismo nos enferma, nos anquilosa, nos va inmovilizando con los años y nos hace torpes. Acelera la vejez y afecta incluso a la mente. Por eso hay que hacer siempre el esfuerzo de vencer a la inercia que el cuerpo pide.
Evitar estar mucho tiempo sentado; estirarse, hacer algo de gimnasia, caminar al aire libre, usar algo de pesas, en fin, mover el cuerpo de acuerdo con la edad. Pero también este consejo puede aplicarse a tu vida, a tener metas, a luchar siempre por un ideal, a estar siempre en movimiento, buscando alcanzar objetivos, aportando algo a la humanidad, con la inquietud de quien se siente incompleto, de que tiene que ir haciéndose cada vez más pleno. Caminar entonces por la vida a paso firme, con prudencia, con mucho ánimo, impulsado por el Espíritu, ardiendo en caridad, siendo útiles a los demás en lo que podamos, con la conciencia clara de que mientras tengamos vida hay una misión que cumplir.
Y eso se cumple por ejemplo como profesional cumpliendo su trabajo honestamente; en el campo cultivando la tierra; como comerciante vendiendo frutas en una esquina o teniendo una empresa de quinientos empleados. No importa cuál sea el empleo o la actividad. Puede ser como voluntario en una fundación. Como también en el lecho de enfermo rezando por la humanidad ofreciendo el dolor por la conversión de los pecadores. Se cumple como la abuela que cuida a sus nietos, o el sacerdote celebrando la misa. O la señora que da catequesis, o el policía que cuida las calles. En la ancianidad dando los consejos oportunos a quien los necesite; orando más extensamente; manteniendo la mente ocupada con lecturas apropiadas.
El asunto es estar activo. Leer un buen libro, cuidar un jardín, pintar un cuadro. Mantener la casa limpia y cocinar, todo hecho con amor. Hacerlo bien. Escuchar una conferencia. No faltar a misa siempre que se pueda. Es estar siempre activo, inquieto, promoviendo la curiosidad, investigando, sea nuevas recetas de cocina, cómo sembrar tomates o saber cuántos cráteres tiene la luna. Cada uno a lo suyo. No terminar como una momia sentado todo el día en el televisor y la vida pasando sin darnos cuenta a nuestro lado.
Y en relación con nuestro Dios bendito sentir en el alma sed de eternidad, mantenerse en oración, leyendo la Palabra, asistiendo a la Eucaristía, buscando estar más cerca de Él. En definitiva, nunca dejemos de caminar.