Panamá
No me grites
- Mons. Rómulo Emiliani cmf.
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No me grites que no estoy sordo. O ¿Por qué me gritas? El levantar la voz puede ser señal de agresión tan violenta como la de enseñar una espada, o quitarse el guante y echarlo en la cara de otra persona en señal de duelo con pistolas o sables. No es solamente el contenido de una expresión, que puede ser hiriente u ofensivo. Es el hecho de violentar las ondas sonoras humanas y elevar el tono hasta provocar un choque de energías vibratorias que en sí causan perturbación.
Pues eso ocurre frecuentemente en todas las formas de comunicación humana: redes sociales, radio, televisión, conciertos de música moderna, estadios, publicidad en los medios. Estamos inmersos en una selva de ruidos por todos lados. Se eleva la voz y los sonidos de toda clase, y se aturde el oído. Eso influye en el cerebro. Vivimos en una sociedad que se comunica a gritos. No hay lugares donde se pueda conversar en voz baja salvo los templos, donde ni se debería hablar, pero que muchas veces se ocupan esos espacios sagrados antes de las misas como lugar de encuentro en un ambiente de mercado público, sobre todo en funerales y bodas. Si una civilización implica entre otras cosas dejar las hachas de piedra, entenderse con palabras, no lanzarse flechas evitando así el enfrentamiento, lograr acuerdos aunque sean malos evitando las guerras, y el diálogo es el medio universal de querer comunicarse, una señal de progreso es bajar la voz, hacer silencio, evitar el ruido, empezar a escuchar al otro. Nadie puede hacerlo gritándose.
Pues en las familias igual. Ir creando una cultura del silencio, de mantener ambientes donde los decibeles sean bajos, se eviten los ruidos estentóreos, se enseñe a escuchar, a expresarse sin gritar, todos los aparatos y medios de comunicación sean controlados a bajo volumen. Esto contribuye a la paz y la serenidad. Evita la perturbación que dan los ruidos sin control. Se altera menos el sistema nervioso. Se baja el estrés personal y colectivo. Y esto hace que las personas puedan entenderse mejor. La agitación mental y emocional provocada por alteraciones ambientales hace estragos. Sea en familias, lugares públicos, fábricas, ruido producido por el tráfico, inclusive como ya hemos dicho, los medios de comunicación social.
Aprenda usted a guardar silencio, hablar en voz baja, escuchar con atención. Eleve la voz solo cuando sea necesario. Sólo en el silencio se escucha la música más melodiosa, los poemas más encantadores, se contemplan los cuadros más famosos, se admiran las esculturas más finas. Sólo en el silencio se escucha mejor la voz de la persona amada, el llanto del que sufre, el lamento del no escuchado y rechazado. Sólo en el silencio se escucha la voz de Dios con mucha más claridad.

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