Por hacer un "bien" hoy, no hagamos un daño mañana
La falta de objetivos definidos que estén por encima de la demagogia siempre presente que los contradice es una de las fallas que los panameños tenemos como nación. Hoy se cambian las cosas que ayer se hicieron, aunque se causen serios perjuicios. El caso más reciente de estas contradicciones en las que desafortunadamente los protagonistas son los mismos que ayer actuaban en una forma y hoy en otra muy distinta, es el proyecto de ley que está en discusión de los legisladores, por el cual los ahorros de los empleados públicos, que les permitían al momento de su jubilación disfrutar de un retiro sin las limitaciones que hoy tienen tantos miles de funcionarios, puedan ser negociados a descuentos con distintas instituciones financieras del país. Se acaba de un plumazo con una ley que obligaba al ahorro y complementaba los cheques que la CSS les daba a los funcionarios que laboraban en el Estado al momento de su retiro.
El panameño no ha sido por naturaleza ahorrista. Sus escasos ingresos y la falta de una cultura y disciplina lo han llevado a vivir utilizando al límite su capacidad crediticia. Tengo dos experiencias como gerente de la Cervecería Nacional, que para mí fueron muy frustrantes. En 1970, al analizar la planilla de salario de la empresa, me percaté que un elevado número de los mil y tantos empleados que en ella laboran tenían descuentos de su salario, que los dejaba prácticamente sin ningún dinero en los pagos quincenales. Buscaban muchos de ellos afanosamente trabajar sobretiempo para incrementar sus ingresos, aunque con ello afectaran su salud y la eficiencia que debían tener en el desempeño de sus labores. Le pedí, entonces, al contralor de la empresa, Enoch Velarde, que hiciera un estudio exhaustivo y buscara la forma de consolidar con distintas instituciones bancarias, el caso individual de cada uno de los empleados para disminuirles los descuentos que tenían con financieras, mueblerías, etc., a intereses elevadísimos. Fue un trabajo harto difícil y que requirió mucho tiempo gran paciencia, pero se hizo. Antes de un año, dolorosamente tuvimos que aceptar que todo volvió a la situación original; siguieron la mayoría de esos empleados endeudándose al máximo que le permitían sus salarios, que en esa época eran de casi B/.500.00 de promedio mensual.
La otra experiencia negativa fue con el fondo especial para jubilaciones complementarias. En los inicios del plan, el empleado contribuía con un 2% y la empresa con 5 1/2% del salario, con el fin de que éste al retirarse pudiera hacerlo con el promedio de sus salarios de los últimos cinco años. Para mi sorpresa hubo quienes, gracias a Dios fueron muy pocos, en víspera, algunos inclusive de comenzar en pocos meses a recibir sus jubilaciones complementarias, pidieron que se les devolvieran sus aportes sin importarles que se quedaban sin los beneficios adicionales. Tuve que explicarles lo perjudicial para ellos de su actitud. Después de muchas conversaciones aceptaron seguir en el plan. Eso me llevó a la conclusión, y lo reafirma la situación actual del SIACAP, que el panameño vive para hoy y deja en manos de la providencia o de quién sabe qué, su futuro.
El gobierno pasado actuó con mucha valentía al poner fin a un sinnúmero de jubilaciones especiales, que además de los cuantiosos recursos económicos que éstas significaban, eran discriminatorias por los muchos privilegios que se le daba a una minoría privilegiada. Gran trabajo y muchas explicaciones fueron necesarias para establecer el fondo especial de retiro que hoy se pretende acabar.
Comprendo que en ocasiones, los empleados públicos se encuentran con emergencia o con situaciones económicas difíciles. Este proyecto de ley que, según muchos han expresado, es "consensuado" por las distintas fuerzas políticas, pudieran sus efectos negativos minimizarse si se establece con claridad que esos bonos que se pretenden entregar a los ahorristas por el total de sus dineros, los descuentos podrían limitarse a un 25-30% de los mismos, con el fin de asegurar que el funcionario público reciba algo adicional al momento de su jubilación y pueda resolver un problema personal inmediato. También, como protección a ese mismo empleado, y evitar que caiga en manos de los conocidos "garrotistas" se establezca un máximo el interés que se pueda cobrar en los descuentos. Estos intereses estarían regulados por las tasas corrientes que establecen los centros financieros.
Busco con gran preocupación que este ahorrista no vaya a dejar en manos usureras lo que es su patrimonio y un seguro para su vejez. Por supuesto que hay que despejar cualquier duda que pueda existir en cuanto a la honrada administración de dichos fondos y la transparencia como se manejan e invierten. Que el ahorrista esté tranquilo y seguro.
El panameño no ha sido por naturaleza ahorrista. Sus escasos ingresos y la falta de una cultura y disciplina lo han llevado a vivir utilizando al límite su capacidad crediticia. Tengo dos experiencias como gerente de la Cervecería Nacional, que para mí fueron muy frustrantes. En 1970, al analizar la planilla de salario de la empresa, me percaté que un elevado número de los mil y tantos empleados que en ella laboran tenían descuentos de su salario, que los dejaba prácticamente sin ningún dinero en los pagos quincenales. Buscaban muchos de ellos afanosamente trabajar sobretiempo para incrementar sus ingresos, aunque con ello afectaran su salud y la eficiencia que debían tener en el desempeño de sus labores. Le pedí, entonces, al contralor de la empresa, Enoch Velarde, que hiciera un estudio exhaustivo y buscara la forma de consolidar con distintas instituciones bancarias, el caso individual de cada uno de los empleados para disminuirles los descuentos que tenían con financieras, mueblerías, etc., a intereses elevadísimos. Fue un trabajo harto difícil y que requirió mucho tiempo gran paciencia, pero se hizo. Antes de un año, dolorosamente tuvimos que aceptar que todo volvió a la situación original; siguieron la mayoría de esos empleados endeudándose al máximo que le permitían sus salarios, que en esa época eran de casi B/.500.00 de promedio mensual.
La otra experiencia negativa fue con el fondo especial para jubilaciones complementarias. En los inicios del plan, el empleado contribuía con un 2% y la empresa con 5 1/2% del salario, con el fin de que éste al retirarse pudiera hacerlo con el promedio de sus salarios de los últimos cinco años. Para mi sorpresa hubo quienes, gracias a Dios fueron muy pocos, en víspera, algunos inclusive de comenzar en pocos meses a recibir sus jubilaciones complementarias, pidieron que se les devolvieran sus aportes sin importarles que se quedaban sin los beneficios adicionales. Tuve que explicarles lo perjudicial para ellos de su actitud. Después de muchas conversaciones aceptaron seguir en el plan. Eso me llevó a la conclusión, y lo reafirma la situación actual del SIACAP, que el panameño vive para hoy y deja en manos de la providencia o de quién sabe qué, su futuro.
El gobierno pasado actuó con mucha valentía al poner fin a un sinnúmero de jubilaciones especiales, que además de los cuantiosos recursos económicos que éstas significaban, eran discriminatorias por los muchos privilegios que se le daba a una minoría privilegiada. Gran trabajo y muchas explicaciones fueron necesarias para establecer el fondo especial de retiro que hoy se pretende acabar.
Comprendo que en ocasiones, los empleados públicos se encuentran con emergencia o con situaciones económicas difíciles. Este proyecto de ley que, según muchos han expresado, es "consensuado" por las distintas fuerzas políticas, pudieran sus efectos negativos minimizarse si se establece con claridad que esos bonos que se pretenden entregar a los ahorristas por el total de sus dineros, los descuentos podrían limitarse a un 25-30% de los mismos, con el fin de asegurar que el funcionario público reciba algo adicional al momento de su jubilación y pueda resolver un problema personal inmediato. También, como protección a ese mismo empleado, y evitar que caiga en manos de los conocidos "garrotistas" se establezca un máximo el interés que se pueda cobrar en los descuentos. Estos intereses estarían regulados por las tasas corrientes que establecen los centros financieros.
Busco con gran preocupación que este ahorrista no vaya a dejar en manos usureras lo que es su patrimonio y un seguro para su vejez. Por supuesto que hay que despejar cualquier duda que pueda existir en cuanto a la honrada administración de dichos fondos y la transparencia como se manejan e invierten. Que el ahorrista esté tranquilo y seguro.