Que no te cobren un “cuara” de más
Publicado 2003/12/25 00:00:00
- Mirna Ruth Martínez
Diciembre es el mes en el que la economía mejora enormemente, tanto para las grandes empresas como para los microempresarios. Todo el mundo vende para esta época, desde la tienda más fina hasta el buhonero más barato. Los buses van siempre llenos y los taxis son los más cotizados por el usuario. Ahora bien, es muy cómodo salir de una tienda con las manos llenas de paquetes, caminar al estacionamiento y buscar el auto para meter las cosas en el maletero... Pero, ¿qué pasa con aquellas personas que no cuentan con un auto y que no pueden montarse con esas bolsas en un bus, o que andan apurados? Tienen que recurrir a tomar un taxi, ¿verdad? Pues, entonces, he aquí el dilema y entramos en el tema a tratar.
¡Panamá es el paraíso de los taxistas! Creo que todos ellos, a nivel mundial, sueñan con ser taxistas en este país. ¿Por qué? ¡Porque aquí hacen lo que les da la gana! Durante todo el año se dan el lujo de preguntarle al usuario: “¿Para dónde va? ¿Dónde dijo que va doñita?... Ummm.... “Nombe” qué va, yo no voy para allá” Si hacen esta gracia durante todo el año, en diciembre se vuelven peor de insoportables y tracaleros.
Deberían publicar las tarifas por ruta para que los ciudadanos se las aprendan y no se dejen “conguear” por estas personas, quienes de “cuara en cuara” se llevan su par de dólares extras a punto de engañar al usuario cobrándoles de más.
Creo que es suficiente que permitamos que paren de parada en parada buscando otra carrera más (muchas veces la llevan primero, por la simple suerte de que aquella persona estaba en la ruta y su destino era antes del nuestro). Es muy deprimente que el usuario, quien es el que paga la carrera, tenga que preguntarle al taxista si lo puede llevar a “X” lugar, como si pidiera un favor y fuera a gratis. ¿No se supone que es un servicio público? Pues, pareciera que no. Tanto taxistas como buseros hacen los que les da la gana, son groseros, déspotas y tramposos; manejan como locos violando a su antojo las leyes de tránsito y nadie hace nada al respecto. No debemos negar que hay uno que otro que es amable y tratable, que cuando le preguntas si te puede llevar a tal lugar te dice: “Móntense señora, que para eso estamos, para llevarla a su destino”. Y que, sobre todo, te cobra la tarifa justa; pero, curiosamente, casi siempre son señores mayores. Los jóvenes, algunos les pongo hasta 18 años, son de lo peor.
Es urgente que se haga algo por esta situación, ya que los gobiernos suben y bajan, mas ninguno le ha dado importancia al asunto. Claro, mientras se ande cómodamente en 4x4 con escoltas que abren calle, cual ambulancia para que el sumamente importante “Sr. Político” no aguante tranque ni mucho menos espere una luz roja, seguiremos así, ya que no puede comprender el martirio ajeno quien nunca lo ha padecido. También el usuario debe poner de su parte. Muchas veces somos los que tenemos a los buseros y a los taxistas mal acostumbrados. El panameño siempre tiende a copiar las modas extranjeras. ¿Por qué no copiamos algunos modelos de urbanidad que tienen otros países, en los cuales el usuario siempre tiene la prioridad; donde los taxistas tienen la obligación de llevar al usuario a su destino y no ellos escogerlos y, por supuesto, en donde el servicio sea personalizado y no tomar dos o tres carreras a la vez, o cobrar de más?
Estamos a tiempo de hacer algo por esta lamentable situación, que va de mal en peor. ¿Ustedes se imaginan un transporte público modelo? Muchas personas no tendrían la necesidad de meterse en préstamos para comprarse un auto, ya que aquí tener uno no es un lujo, ¡sino una necesidad! Exhorto a todos los políticos que por un día de su vida asuman el rol de pueblo y se monten en un “diablo rojo” o traten de tomar un taxi en plena mañana o tarde. Eso sí, salgan temprano que de los diez que les pararán, nueve les dirán: “Nombe, yo no voy para allá!
¡Panamá es el paraíso de los taxistas! Creo que todos ellos, a nivel mundial, sueñan con ser taxistas en este país. ¿Por qué? ¡Porque aquí hacen lo que les da la gana! Durante todo el año se dan el lujo de preguntarle al usuario: “¿Para dónde va? ¿Dónde dijo que va doñita?... Ummm.... “Nombe” qué va, yo no voy para allá” Si hacen esta gracia durante todo el año, en diciembre se vuelven peor de insoportables y tracaleros.
Deberían publicar las tarifas por ruta para que los ciudadanos se las aprendan y no se dejen “conguear” por estas personas, quienes de “cuara en cuara” se llevan su par de dólares extras a punto de engañar al usuario cobrándoles de más.
Creo que es suficiente que permitamos que paren de parada en parada buscando otra carrera más (muchas veces la llevan primero, por la simple suerte de que aquella persona estaba en la ruta y su destino era antes del nuestro). Es muy deprimente que el usuario, quien es el que paga la carrera, tenga que preguntarle al taxista si lo puede llevar a “X” lugar, como si pidiera un favor y fuera a gratis. ¿No se supone que es un servicio público? Pues, pareciera que no. Tanto taxistas como buseros hacen los que les da la gana, son groseros, déspotas y tramposos; manejan como locos violando a su antojo las leyes de tránsito y nadie hace nada al respecto. No debemos negar que hay uno que otro que es amable y tratable, que cuando le preguntas si te puede llevar a tal lugar te dice: “Móntense señora, que para eso estamos, para llevarla a su destino”. Y que, sobre todo, te cobra la tarifa justa; pero, curiosamente, casi siempre son señores mayores. Los jóvenes, algunos les pongo hasta 18 años, son de lo peor.
Es urgente que se haga algo por esta situación, ya que los gobiernos suben y bajan, mas ninguno le ha dado importancia al asunto. Claro, mientras se ande cómodamente en 4x4 con escoltas que abren calle, cual ambulancia para que el sumamente importante “Sr. Político” no aguante tranque ni mucho menos espere una luz roja, seguiremos así, ya que no puede comprender el martirio ajeno quien nunca lo ha padecido. También el usuario debe poner de su parte. Muchas veces somos los que tenemos a los buseros y a los taxistas mal acostumbrados. El panameño siempre tiende a copiar las modas extranjeras. ¿Por qué no copiamos algunos modelos de urbanidad que tienen otros países, en los cuales el usuario siempre tiene la prioridad; donde los taxistas tienen la obligación de llevar al usuario a su destino y no ellos escogerlos y, por supuesto, en donde el servicio sea personalizado y no tomar dos o tres carreras a la vez, o cobrar de más?
Estamos a tiempo de hacer algo por esta lamentable situación, que va de mal en peor. ¿Ustedes se imaginan un transporte público modelo? Muchas personas no tendrían la necesidad de meterse en préstamos para comprarse un auto, ya que aquí tener uno no es un lujo, ¡sino una necesidad! Exhorto a todos los políticos que por un día de su vida asuman el rol de pueblo y se monten en un “diablo rojo” o traten de tomar un taxi en plena mañana o tarde. Eso sí, salgan temprano que de los diez que les pararán, nueve les dirán: “Nombe, yo no voy para allá!

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