Reforma Tributaria, Plan Estratégico y Eficiencia del Sector Público
Estamos en medio de la discusión de dos documentos que afectarán la vida de todos los panameños. Uno de esos documentos es el Plan Estratégico de Gobierno de 2010-2014 y el otro es la Reforma Tributaria. La ciudadanía, y el gobierno, se han centrado en la discusión de ésta última, dejando de lado tal vez lo más importante a mi juicio, (a) establecer la prioridad, necesidad y razonabilidad del Plan Estratégico de Gobierno, (b) Ganar las mentes de la Sociedad Civil de que el Plan es bueno, que es posible, y que tendrá mejoras reales para el país en general, (c) Establecer que el mismo depende de que se cumplan condiciones necesarias como son, (i) las hipótesis sobre el cual está el Plan se cumplen sustancialmente, (ii) los recursos públicos se logran en la medida y tiempos esperados, y (iii) se cuenta con la capacidad institucional para llevarlas a cabo, así como la capacidad política para el necesario apoyo a las adecuaciones que hay que instrumentar.
Y aquí la puerca torció el rabo. Se ha hecho todo al revés. Primero, se elimina la estabilidad de los empleados públicos. Estoy de acuerdo que se eliminen todos los que entraron al Servicio Civil por la puerta de la componenda partidista, el apernarse al puesto sin medir las capacidades. Pero se reemplazó con una disposición que le permite al actual gobierno que puede nombrar de a dedo, sin un proceso de selección de los mejores. Se hizo una miscelánea fiscal, cambiando valores de distintas tasas, apropiándose del FECI que se supone es para apoyar el Agro, se propone la reforma tributaria, y finalmente se preparó el Plan Estratégico.
Yo creo que hay factores estructurales que deben ser erradicados de la Administración Pública y que no requieren una Reforma Tributaria, ni siquiera un Plan Estratégico ambicioso como el formulado. Estos son, (a) eliminar las fugas que existen en la tributación actual, (b) eliminar impuestos que son más costosos su cobro que su producto, (c) eliminar las barreras burocráticas que hacen al ciudadano común y al empresario, una odisea cumplir con sus deberes fiscales; (d) optimizar el uso de la tecnología informática instalada, que se usa de archivos en el mejor de los casos en los servidores o como máquinas de escribir, (e) ampliar el adiestramiento de las oficinas de adquisiciones y personal técnico para que puedan llevar a cabo los trabajos de licitaciones necesarios para ejecutar el plan de inversiones en infraestructura de casi 5.8 mil millones de dólares, (f) reforma urgente de la educación en Panamá. El rezago en este tema es criminal contra la gente pobre de este país. Empezando por sus dirigentes magisteriales.
¿Y qué decir de la eficiencia del sector público en sus distintos programas? ¿Cómo sabe el contribuyente que sus dineros están bien usados? ¿FIS, CEMIS, Navidad Guinness, juguetitos repartidos a los diputados, etc.? Mientras el Estado no muestre señales claras de que está caminando en esta dirección, es muy difícil, por más buenas intenciones que tenga, que la ciudadanía pague gustosamente más impuestos, porque no existen los mecanismos claros o aplicados para acabar con la discrecionalidad en el uso de los mismos. O lo que es peor. La impunidad. En esencia estoy de acuerdo con lo que el gobierno propone, sujeto a que me hubiese gustado ver un Plan para Mejorar la Eficiencia del Sector Público, incluido evaluaciones de resultados a todos los niveles, incluidos educadores desde pre-básico hasta universidad. Resultado de los programas sociales implantados, una política clara de subsidios, un Plan Estratégico y finalmente una Reforma Tributaria que fuese aceptada por la Sociedad. Para lograr la Gobernabilidad en el mejor sentido de la palabra, es decir, el apoyo ciudadano a lo que el gobierno propone.