Panamá
Responsabilidad, una reforma pendiente
- Ing. Helmut De Puy
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- Ciudadano Construyendo futuro
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Muchos de los problemas del Estado no nacen por la falta de recursos, sino por la ausencia de responsabilidad. Cuando se pasan la papa caliente porque nadie responde por las decisiones, cuando hay miles de firmas para que te pierdas entre ellas y al final no haya ningún responsable; lo mismo ocurre con procesos, sellos y un sin fin de "requerimientos"; el funcionario no es el que pierde, es el ciudadano.
En un país donde los errores rara vez tienen consecuencias y los aciertos pocas veces tienen nombre propio. Las decisiones se toman, o se postergan, dentro de estructuras tan fragmentadas que nadie puede ser señalado como responsable, porque todos pueden decir que "no les correspondía". Ese vacío es profundamente injusto para quien espera una solución, una respuesta o simplemente un trámite que avance, porque realmente lo necesita.
El problema no es solo administrativo; también es moral. Un Estado sin responsables es un Estado sin incentivos para mejorar. Si hacer las cosas bien o mal da igual, si nadie responde por los atrasos, las pérdidas o los errores, entonces la inercia se convierte en norma y la mediocridad en sistema.
Lo grave es cuando no entienden que esta falta de responsabilidad sí tiene consecuencias. Cada expediente detenido es una familia esperando. Cada proyecto paralizado es una comunidad que sigue sin agua, sin calles, sin oportunidades. Cada decisión que se patea hacia adelante es una injusticia que se normaliza.
Nos hemos acostumbrado a escuchar frases como "eso no nos compete", "eso lo ve otra dirección", "eso está en revisión". Y mientras tanto, el ciudadano sigue caminando de oficina en oficina, cual pelota de ping-pong, acumulando frustración, desgaste y desconfianza. No es casual que la gente haya perdido fe en las instituciones, es difícil confiar en un sistema donde nadie parece estar a cargo.
La responsabilidad no es un castigo; es una herramienta para el orden. Un Estado que asigna claramente quién decide, quién ejecuta y quién responde, será un Estado más eficiente, más justo y más humano. Sin responsabilidad no hay rendición de cuentas, y sin rendición de cuentas no hay mejora posible.
Hay que cambiar la cultura donde esconderse detrás del cargo es más fácil que asumirlo con dignidad. Es pasar de un sistema donde nadie pierde, pero todos fallan, a uno donde alguien responde, y por eso todos ganan.
Porque cuando nadie es responsable, todos perdemos. Pero cuando la responsabilidad vuelve a ser el centro de la gestión pública, el país entero empieza a recuperar algo más valioso que la eficiencia, la confianza.

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