Panamá
Sobre la falta de visión de futuro nacional
- Arnulfo Arias
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La falta de visión de futuro es un síntoma material de la conformidad del ser humano. Esa dolencia crónica fue diagnosticada por Albert Schweitzer, médico y premio Nobel de la Paz en 1952, cuando expresó en términos sencillos que el problema fundamental del hombre moderno es que "simplemente no piensa". Añadiría yo que ese es un mal de todos los tiempos, de todas las generaciones, de todas las sociedades, superado solo por el individuo y por su propia fuerza de voluntad.
La capacidad de pensar, y el hábito de no conformarse con lo que se despliega ante nosotros como la obra concebida por otros, debería ser el pilar de todos los sistemas educativos. Pero se nos enseña principalmente a no pensar y a conformarnos. Ese error fundamental nos prepara para seguir, en vez de guiar. Como si fuéramos la bestia del trapiche, a la que a menudo se le priva de la visión periférica con un visor que solo le permite unilateralidad en la marcha. Estamos creando, como nunca antes, ciudadanos que, mentalmente, serán el resultado de cadenas de producción masiva; como clones que no piensan y que se conforman. Ese mal no es solo síntoma de masa y colectividad, también se asienta en las personas que consideramos un ejemplo de la sociedad.
Recientemente conversaba yo con uno de esos; empresario de prestigio que ha ocupado cargos públicos y privados de alta relevancia. Al preguntarle su opinión sobre la falta de desarrollo vial en nuestro país, me contestó con otra pregunta: "Para qué y hacia dónde?" Percibí, para mi propia desilusión, que él también sufría de esa conformidad complaciente y se había dormido en él esa visión del desarrollo integral de la nación.
Panamá jamás se desarrollará integralmente si no nos deshacemos la fanta de visión que sufrimos todos como sociedad. Quisiera ver que nuestro país cumpliera el sueño de Bolivar, que la veía como el Istmo de Corintio de las Américas; como punto de encuentro primordial de todo el mundo. Ya es un punto de interconexión global, argumentarán algunos; pero solo lo es parcialmente. No nos limitemos a pensar que somos un Canal únicamente.
El mayor patrimonio logístico nos ha hecho caer también en la conformidad irresponsable, frenando nuestro desarrollo nacional. El Bósforo, en Turquía, mueve más de 40,000 embarcaciones por año; y el Canal de Suez nos disputa, y nos disputará por siempre, el 12% del comercio mundial, porque nos hemos conformado con ese 6% que genera nuestro Canal, como único foco neural del desarrollo logístico de la nación. Sin dejar a un lado la importancia de esa vía acuática, debemos abrir a toda costa la interconexión entre el Pacífico y Atlántico, recurriendo a otras vías terrestres, sin pensar en lo que hay ahora mismo y teniendo en mente lo que podría haber a futuro. Por ejemplo, la vía que conecta a la Provincia de Coclé con el Puerto de Punta Rincón, en Colón, legado de la operación minera, debería abrirse ya al servicio posición privilegiada que tenemos. Sin detenernos allí, esa vía podría interconectarse con Miguel de La Borda, hasta donde llega la carretera en la actualidad, y seguir hasta el Fuerte de San Lorenzo, con su enorme potencial turístico, la Ciudad de Colón, con su privilegiada Zona Libre, y, finalmente, desembocar en el distrito capital y sus grandes puertos, generando un cinturón de desarrollo nacional que solo está a la espera de nuestra visión integral de país y nuestro sueño como nación. Todo lo demás vendría por añadidura.

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