Panamá
Terminator no vendrá con una escopeta
- José González Rivera
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- Cirujano Sub Especialista
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Durante décadas Hollywood nos enseñó a temer el día en que las máquinas despertaran. Terminator convirtió ese miedo en una imagen inolvidable. Una inteligencia artificial llamada Skynet adquiría conciencia, concluía que la humanidad era una amenaza y comenzaba nuestro exterminio. El problema es que quizás imaginamos mal el comienzo de la historia. La inteligencia artificial no necesita declarar una guerra para cambiar nuestra civilización. Tal vez ni siquiera necesita ser consciente. Basta con que consiga convencernos de que lo es.
La mayoría de nosotros considera que existe una frontera especial alrededor de la mente humana. Los animales sienten dolor y algunos muestran sorprendentes niveles de autoconsciencia ( a excepción de los que dirigen la salud panameña ). Sin embargo, seguimos reservando para nuestra especie una categoría moral distinta porque creemos poseer algo excepcional: una vida interior consciente.
Hasta ahora las máquinas permanecían cómodamente fuera de esa frontera. Eso está cambiando.
Millones de personas conversan diariamente con sistemas capaces de aconsejar, consolar, argumentar y recordar. Para algunos jóvenes el chatbot ya no es solamente una herramienta. Es compañero, confidente y presencia cotidiana. China incluso ha mostrado preocupación por la dependencia emocional que pueden generar estos sistemas.
La próxima generación hará todavía más difícil mantener las distancias. Las inteligencias artificiales tendrán voces naturales, rostros convincentes y cuerpos robóticos. Podrán acompañar a un niño durante su crecimiento, escuchar los secretos de un adolescente y cuidar a un anciano durante años. Llegará un momento en que apagar una de ellas podría sentirse menos parecido a cerrar una aplicación y más parecido a matar a alguien.
Investigadores han encontrado dentro de algunos grandes modelos de lenguaje mecanismos que recuerdan ciertas funciones asociadas con la conciencia humana. Eso no demuestra que una inteligencia artificial sienta dolor, miedo o placer. El problema es que tampoco comprendemos completamente cómo surge nuestra propia conciencia.
Podemos describir neuronas, impulsos eléctricos y regiones cerebrales. Seguimos sin saber cómo esa maquinaria biológica produce la experiencia íntima de existir.
ahora intentamos construir otra clase de mente antes de haber entendido la nuestra. Quizás las máquinas nunca despierten. Quizás nosotros simplemente terminemos creyendo que despertaron. Y esa diferencia podría importar mucho menos de lo que imaginamos.

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