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Ajíes chiricanos tienen alta demanda en el extranjero

Estos pimentones fueron exhibidos en la Ferial Internacional de las Flores y el Café.


Las notables pérdidas que todos los años registran los productores agropecuarios en Tierras Altas, los ha obligado a echar mano a otros rubros.
El pimentón es uno de ellos. Le ha dado buenos resultados a Juan Enríquez González, un ingeniero agrónomo que luego de registrar serias pérdidas con la agricultura tradicional probó con un nuevo sistema más tecnificado.
En los tres años que lleva produciendo en invernaderos, considera que ha sido un nuevo reto que le permitió como productor ser más eficiente en calidad y en productividad.
Destinó 1.5 hectáreas a invernaderos, la que resultó suficiente para abastecer a una cadena de supermercados nacionales durante todo el año, donde la producción no para.
González manifestó que obtuvo variedades con mayor nivel de rendimiento, de una excelente calidad, producto de la tecnología de punta.
Utilizó tensiómetros para monitorear la cantidad de agua que debe llegar a las plantas y los extractores de solución de suelo para monitorear las concentraciones de sales que hay en el suelo. Esta tecnología aplicada conlleva la nutrición específica para los distintos tipos de pimentón, que incluye pimentón rojo, verde, amarillo, naranja, morado y blanco.
El sistema de invernadero permite cultivar el producto durante todo el año sin tomar en cuenta las condiciones naturales del lugar, aunque los costos de producción son mucho más altos que en la agricultura tradicional, se mantiene un producto de una alta calidad.
La tendencia va dirigida hacia un mercado mediano, pero dependerá de la necesidad que requiera el consumidor.
González ha logrado obtener productos que superan la libra. Pero el pimentón promedio está en media libra.
Destacó que la cadena Riba Smith es la más exigente en el mercado nacional, no sólo por la calidad sino en el manejo de pesticida.
Manifestó que utilizan trampas amarillas, que se colocan en el centro de los invernaderos, con una grasa especial que atrae a los insectos, para evitar que lleguen a las plantas y dañen los frutos que comienzan a formarse.
La innovación de González fue más lejos, cuando un ciudadano de origen norteamericano colocó dentro de uno de los invernaderos un sistema de sonidos ambientales que se escuchan en las áreas boscosas con el fin de estimular el metabolismo de la planta.
En sólo tres meses de estar sonando las bocinas con estos sonidos naturales se logró la maduración uniforme del producto en un período más corto de tiempo, también hubo un aumento en el peso de las unidades.
El experimento, que fue inventado por un japonés, continúa en observación, para verificar en los próximos meses el nuevo comportamiento de esta producción en comparación con el pimentón de los invernaderos que no tienen este sonido.
González está convencido de que hay nuevas formas de hacer producir la tierra sin el uso de agroquímicos.
Agrega que es completamente rentable para la producción nacional; y además, hay apoyo estatal para este tipo de reingeniería, que resulta muy factible.
En surcos muy bien alineados y a una distancia bastante corta han crecido las plantas de ajíes que alcanzan casi los dos metros y medio de altura.
Algunas han dado hasta 37 frutos de la misma calidad y tamaño en un período de 8 meses y 7 días.
Los invernaderos tuvieron una inversión de B/.200 mil y hay en proyecto 1.2 hectáreas más para la producción.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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