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De una casa inhabitable a un refugio de zinc: el drama de una familia en Soná

A sus 84 años, Etelvina enfrenta la incertidumbre de no saber cuándo podrá volver a tener una casa digna.

El terremoto de 7.5 del pasado 9 de octubre no solo dejó daños en viviendas del interior del país. También cambió la vida de familias que, de un momento a otro, perdieron el lugar donde dormían, compartían sus alimentos y desarrollaban sus actividades cotidianas. Ahora, mientras esperan una respuesta de las autoridades, deben buscar cómo protegerse del sol, la lluvia y las altas temperaturas.

Una de esas historias es la de Etelvina González, de 84 años, residente en La Toyosa de Soná, cuya vivienda quedó completamente dañada por el movimiento sísmico y fue declarada inhabitable por las autoridades. Lo que antes era su hogar hoy representa un recuerdo y una necesidad urgente de reconstruir un espacio seguro para vivir.

En esa casa también residían otros dos adultos y dos niños de apenas dos y un año, quienes ahora enfrentan las dificultades de no contar con un techo propio. Para la familia, la preocupación no se limita a haber perdido sus pertenencias, sino a no tener un lugar donde los más pequeños puedan descansar y crecer con tranquilidad.

La vivienda de Etelvina es la número 70 dentro de las afectadas por el terremoto. Sin embargo, hasta el momento, según la familia, ninguna autoridad se ha acercado para ofrecerles una solución concreta que les permita comenzar a recuperar su hogar.

Mientras llega la ayuda, han construido un pequeño rancho con hojas de zinc que les permite resguardarse de las inclemencias del tiempo y, sobre todo, escapar del calor que se concentra dentro de las carpas entregadas como parte de la asistencia.

Aunque recibieron estas carpas para contar con un refugio provisional, la familia asegura que las altas temperaturas en su interior hacen difícil permanecer allí durante el día. Los niños, por su corta edad, se desesperan con el calor, una situación que ha llevado a sus familiares a buscar alternativas para hacer más llevadera la espera.

 

Las hojas de zinc se han convertido así en parte de una solución improvisada. No es la vivienda que necesitan ni ofrece las condiciones de seguridad y comodidad que tenían antes, pero representa un intento de protegerse mientras encuentran una respuesta.

A sus 84 años, Etelvina enfrenta la incertidumbre de no saber cuándo podrá volver a tener una casa digna.

La emergencia sísmica dejó al descubierto la vulnerabilidad de muchas viviendas y la necesidad de que la atención a los afectados se traduzca en respuestas oportunas, más allá de la asistencia temporal.

 

Hoy, en La Toyosa de Soná, la familia de Etelvina no pide volver a lo que perdió de un día para otro, sino tener la oportunidad de comenzar nuevamente, con un techo digno y seguro. Mientras tanto, entre carpas y paredes improvisadas de zinc, siguen esperando que la ayuda llegue.
 


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