"Hasta que la muerte los separe". Sin duda, esto se ha convertido en una realidad en algunos hogares en la provincia de Chiriquí, ya que varias mujeres han muerto a manos de quienes les juraron amor eterno, convirtiéndose en víctimas de femicidio.
En esta provincia, el tema del femicidio en los últimos meses ha consternado a la población, cuando en ocho meses, las estadísticas del Ministerio Público a través de la Fiscalía de Homicidios detallan que han sido cuatro las mujeres víctimas de este delito, por el que menores de edad producto de la relación han quedado en la orfandad.
A finales de febrero, Carolina Calvo Espinosa, de 30 años, perdió la vida en el hospital Dionisio Arrocha de Puerto Armuelles, distrito de Barú, luego de que su expareja (una unidad de la policía en reserva) la atacara dentro de un bus en la parada de Paso Canoas.
Según algunos testigos, la unidad policial, de 56 años de edad, ingresó al autobús donde estaba la joven y sin importarle la gran cantidad de personas en el lugar le propinó varias heridas con arma blanca en el área del tórax. Tras este hecho, dos menores de edad quedaron en la orfandad.
Una vez más, la historia sucedía. El 6 de julio, un cuerpo enterrado en una fosa común en el sector de Los Naranjos, a orillas del río Caldera, distrito de Boquete, era ubicado por las autoridades de la Fiscalía de Homicidios, luego de recibir información de un hombre quien confesaba el asesinato de su pareja, Yanellis Cubilla, de 26 años, la cual estuvo desaparecida por cuatro meses, pese a que sus familiares interpusieran la denuncia.
El cuerpo se hallaba en estado putrefacto, y al parecer, la joven fue asesinada desde su desaparición, dejando a niño de 8 años en la orfandad.
Pero las estadísticas continuaban aumentando a una tercera víctima por femicidio. Yolanis Elizabeth Gómez González, de 40 años de edad, perdía la vida tras recibir varias heridas con un cuchillo por parte de su pareja, de 36 años de edad, en el sector de Los Abanicos, en David.
Para Areliz Jiménez, socióloga en Chiriquí, los valores en la familia se han perdido, la ingesta de alcohol y drogas es parte del comportamiento del homicida, quien es principalmente cegado por celos, y actúa bajo el machismo de "si no eres para mí, no serás para nadie".
Agregó que el hombre cree que la mujer no puede tener un nivel de superación. Piensa que si la mujer trabaja, es porque quiere igualarse a él y esto le restaría autoridad como la cabeza de familia. Eso porque cree que su único deber es estar en casa cuidando a los hijos. Incluso comienza a imaginar que hay otra persona de por medio.
Aseguró que aunque en algunos casos existe la denuncia de maltrato, en su mayoría no. El temor de las mujeres a acudir a las autoridades para denunciarlo es uno de los principales factores. Las golpean y a las horas se reconcilian, lo que se vuelve una conducta repetitiva.