Calcando el formidable éxito del turismo dominicano
- Jaime Figueroa Navarro
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Uno de mis más apasionados mentores en turismo fue Damián Barceló Obrador, oriundo de la isla de Mallorca, cuya obra fue más allá del núcleo gestor del poderoso grupo hotelero español Sol Meliá, quijoteando America y el Caribe de cabo a rabo, convirtiéndose en la mano derecha, asesor honorario del 7 veces presidente Joaquín Balaguer en el desarrollo turístico de la República Dominicana.
Nuestra primera incursión Quisqueyana fue en la década de los setenta del siglo pasado, visitando Santo Domingo, su capital y La Romana donde la empresa norteamericana Gulf & Western recién empollaba su emblemático resort Casa de Campo, complementándole con el proyecto de Altos del Chavón, la recreación de un pueblo mediterráneo, dando génesis como un inigualable centro de turismo de lujo y golf en el Caribe.
Durante una treintena de visitas posteriores, hemos sido testigos del floreciente desarrollo fraguado por don Damián y el presidente Balaguer, culminando con nuestra visita en diciembre al fantástico resort Viva Dominicus Beach en la recién integrada zona de Bayahibe.
El desarrollo turístico de Bayahíbe constituye uno de los ejemplos más exitosos de planificación costera sostenible en el Caribe, y ofrece valiosas lecciones para países con alto potencial turístico como Panamá. Hasta finales del siglo XX, Bayahíbe era una pequeña comunidad dedicada principalmente a la pesca artesanal.
Sin embargo, su ubicación privilegiada frente a aguas cristalinas y su cercanía a atractivos naturales como el Parque Nacional Cotubanamá lo convertían en un lugar ideal para el turismo. La clave de su éxito no fue un crecimiento improvisado, sino una combinación de planificación estatal, inversión privada responsable y participación comunitaria.
El gobierno dominicano impulsó infraestructura básica —carreteras, servicios sanitarios y electricidad— antes de promover masivamente el destino. Esto permitió que el crecimiento turístico no colapsara los servicios ni deteriorara el entorno, un problema común en destinos emergentes.
Los factores clave del éxito fueron primeramente un desarrollo gradual y controlado. A diferencia de polos turísticos que crecen desordenadamente, Bayahíbe expandió su oferta hotelera de forma progresiva. Esto evitó la saturación ambiental y mantuvo la calidad del destino. Esto seguido por la integración comunitaria, donde los habitantes locales no fueron desplazados, sino incorporados a la economía turística como guías, operadores de excursiones, pescadores proveedores y emprendedores.
Otro importante factor fue la protección ambiental. El énfasis en la conservación de arrecifes, playas y áreas protegidas garantizó que el atractivo natural, principal activo turístico, se mantuviera intacto. Finalmente, la versificación de experiencias no se limitó al modelo "todo incluido". Se desarrollaron actividades como buceo, ecoturismo, excursiones culturales y gastronomía local, ampliando el perfil del visitante.
Panamá posee ventajas comparables: biodiversidad, costas en dos océanos y conectividad aérea global. El caso de Bayahíbe demuestra que el éxito turístico no depende solo de recursos naturales, sino de estrategia.
Bayahíbe prueba que un destino pequeño puede convertirse en referente internacional si combina visión de largo plazo, sostenibilidad y colaboración público-privada. Para Panamá, que busca consolidarse como potencia turística regional, este modelo caribeño ofrece una guía concreta y replicable de cómo transformar el potencial natural en prosperidad económica duradera sin sacrificar el patrimonio ambiental.
Sobre esta importante temática tratará el Foro de Turismo Anual de APEDE 2026 cuyos detalles daremos a conocer en nuestra próxima columna.

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