- 23 centros penitenciarios hay a nivel nacional.
Caninos del Sistema Penitenciario ayudan con la labor de revisión
- Su trabajo es importante para tratar de agilizar y hacer más eficiente el proceso de revisión a la hora de las visitas familiares en los centros penitenciarios. Seis caninos entrenados no solo vigilan las áreas carcelarias, sino también son utilizados en la revisión de autos, maletas y mercancía de ingreso.
- Los perros requieren de un proceso de entrenamiento especial a cargo de los Agentes de Vigilancia y Rehabilitación (Avir) del Sistema Penitenciario y de la academia Dogs School K9. Según el instructor Azael Caballero, en Panamá hay personal bien capacitado para realizar estos entrenamientos.
Los penales carecen de cifras de seguridad
- Antes de 2010 no existían cifras estadísticas que permiteroan una comparación del comportamiento en cuanto a la seguridad de los centros penitenciarios de Panamá en los últimos años, específicamente en lo concerniente al tipo y cantidad de mercancía restringida o ilegal, que se intentó ingresar.
- Este dato lo reveló el propio director del Sistema Penitenciario. “A mi llegada me enteré de que no existía nada con relación a cifras para tener una referencia sobre este tema. Pero nuestra administración sí estará dejando un informe de gestión completo, que entre otros temas, tendrá cifras detallas de los objetos decomisados en los centros penitenciarios”, dijo Ángel Calderón.
- Por ejemplo, en esta administración se decomisaron 120 armas de fuego y más de 8,000 celulares. Se envió una solicitud para conocer el informe en detalle, pero no hubo respuesta.
Todos los días se registra un nuevo capítulo de la lucha constante que se libra a lo interno de las cárceles y sus alrededores. La pugna es entre aquellos que insisten en arriesgarse a ingresar objetos prohibidos, y las autoridades que tratan de anticiparse a las maniobras ingeniosas.
Y pareciera que los protocolos de seguridad van perdiendo la partida. Solo la semana pasada, en la cárcel de David. Era un convivio del Día del Padre entre privados de libertad y sus familiares. De pronto se armó una reyerta que dejó dos heridos, uno de ellos Roberto Gutiérrez, de 30 años de edad.

Más tarde, Ismael Flores, director de la cárcel, confirmaba que las heridas habían sido realizadas con armas punzocortantes. A pesar de la férrea seguridad, ¿cómo tienen acceso los privados de libertad a este tipo de objetos?
Una de las formas es el mercado negro a lo interno del penal, con cuchillos, punzones, platinas o hasta armas de fuego que previamente son introducidos de forma irregular.

La otra modalidad es recoger “la mercancía”, la cual se encarga desde adentro, pero que es dejada para ser recogida en los predios del centro penitenciario.
La semana pasada se dio otro de estos casos, pero en La Joyita.

En este caso se trataba de un menor de edad que merodeaba por los matorrales. Con él también se encontró a un adulto.
El cargamento que llevaban incluía seguetas que son utilizadas para reyertas o intentos de fuga. Pero a juzgar por el resto de los artículos decomisados, todo hace pensar que era una misión de intento de ingreso de artículos para el ocio.

Había 7 cargadores de celular, 6 audífonos, 3 cables USB, un cargador universal, 11 celulares, 2 barriles de cerveza, 13 botellas de ron, 2 litros de licor en botellas de soda, un PlayStation (PS3) con dos controles y un juego, 11 gallos, 12 bases para espuela de gallo y 3 barras de cera para espuelas.
“Los que se arriesgan a introducir esto pueden pasar de ser visitantes a huéspedes del centro penal”, explicó Ángel Calderón, director del Sistema Penitenciario de Panamá.
Los reportes de ingreso de mercancía prohibida, a menudo frustrados, se siguen dando año tras año.
Sanciones
Las preguntas son obligadas: ¿Hay sanciones lo suficientemente estrictas? ¿Qué anima a las personas a seguir arriesgándose a meter mercancía encargada?
Según Ángel Calderón, parte de las respuestas giran en torno a un asunto de tipo de mercancía.
Explicó que introducir a la cárcel un televisor, paquetes de cigarrillos o hasta gallos de pelea no es un delito. Son solo faltas. Y como faltas, les toca a los corregidores intervenir y sancionarlas. “¿Y cuál es la sanción?, probablemente una multa de $50. La gente la paga y se vuelve a arriesgar”, aseguró el funcionario.
Claro que cuando se trata de mercancía ilegal, como armas o drogas, la persona es puesta a órdenes de las autoridades correspondientes.
En todo caso, el dinero que se paga desde la cárcel es la principal motivación.
Los privados de libertad tienen tarifas para sus “fletes” que, entre más difícil es el ingreso, mejor se paga.
Calderón revela que cuando inició su administración, meter un celular costaba entre $50 y $100. Y debido a los controles aplicados, hoy se sabe que cuesta entre $300 y $350 ingresar un celular, aunque no sea un smartphone.
“Los seguimos detectando entre moldes de pan, por ejemplo. Es una lucha de todos los días”, resumió Calderón.
Ingenio
En el caso de La Joya y La Joyita, a pesar de estar ubicados en un área de 942 hectáreas, se han dado invasiones de precaristas, de donde surgen personas que se prestan para colocar la mercancía cerca, con la ayuda de un sistema de caminos improvisados.
Ciertos reclusos se aprovechan de que la Ley 55, en su artículo 67, establece un programas de permisos de salida. También hay algunos a los que se les asignan labores de limpieza. Y finalmente están los propios custodios que pueden verse tentados a colaborar en la fase de ingreso de la mercancía dejada en las inmediaciones del penal.
En las cárceles improvisadas del interior del país parece ser más sencillo. Rogelio Thompson, que trabajó en una de ellas, recuerda dos casos ingeniosos descubiertos. Los privados de libertad, en su tiempo de patio, lanzaban fuera un balón de fútbol. Luego, “alguien que pasaba” por la calle les regresaba un balón cambiado, con droga dentro.
El otro era una persona que siempre llevaba sopa a la hora de la visita. La cantidad de maíz en grano llamó la atención. Al revisar, se descubrió que dentro tenían trozos de la droga conocida como piedra.
Arys Cubillas, una agente custodio con 8 años de experiencia, narró que le tocó el caso de una señora que accedió a hacerle el favor a una menor de edad, que le solicitó que se hiciera responsable de ella, supuestamente para visitar a un tío que estaba preso.
“La señora ingenuamente firmó como acompañante responsable, y para su mala suerte, la chica llevaba droga”, relató.
Protocolos de revisión de ingreso respetan los derechos humanos
Un informe de la Defensoría del Pueblo de Panamá señala que sí hay respeto a los derechos humanos, en lo concerniente al acceso de los familiares a los privados de libertad, y en cuanto a los protocolos de revisión corporal.
El informe se inicia con un fragmento del Poema de un preso: “Te escribo desde esta celda de barrotes oxidados/ donde difícilmente se filtra la luz del sol/ y el aire no se puede respirar/ ante el hedor de lo podrido”.
Y aunque se incluyen sugerencias para mejorar, sobre las revisiones de visitas hay constancia de que no se violan los derechos.
Salvo que existan reportes de inteligencia, al presentarse a visitar a un privado de libertad, las personas no son desnudadas ni palpadas de forma inadecuada.
“Sí se han descubierto a mujeres llevando celulares dentro de sus partes íntimas, pero en estos casos son remitidos a los escáneres del aeropuerto de Tocumen, y es allá donde son revisadas”, explicó Ángel Calderón, director del Sistema Penitenciario. Pero como solo en La Joya y La Joyita se reciben 500 visitas diarias, las revisiones se apoyan en otras técnicas y recursos para prestar más atención a personal sospechoso.
Arys Cubillas trabaja en la revisión a los que ingresan a las visitas. Explica que es un proceso que dura entre 2 y 8 minutos por persona. “Y más que todo es una revisión visual. Hay momentos en los que se palpa partes de la ropa, pero todo dentro de lo permitido”, dice Cubillas.
También está un protocolo adicional de revisión de los alimentos que se intentan ingresar.
Y en esta administración, el Sistema Penitenciario ha puesto a disposición de los familiares unos manuales detallando qué se puede ingresar -y qué no- en visitas a los centros penales.