Variedades

Alzheimer, una cruz muy pesada para llevarla a cuestas sola


Para el año 2025 más del 70% de la gente con demencia vivirá en países en vías de desarrollo. Se estima que habrán entonces en todo el planeta 34 millones de personas con demencia, casi el doble de las que existen actualmente (18 millones) y este incremento obedece, de acuerdo a la Princesa Yasmin Aga Khan, Presidenta de la Asociación Internacional de Alzheimer (ADI), al envejecimiento de las poblaciones, lo que indica que es una necesidad perentoria que los gobiernos adopten medidas para hacer frente a este fenómeno.
Que más gente padece Alzheimer es de hecho preocupante. Más aún, que paralelamente aumenta la demanda de cuidadores/as: gente que, a su vez, necesita respaldo emocional, psicológico y financiero. Además, orientación, porque, hay quienes se encuentran de pronto enfrentados a la realidad de que tienen que atender a un paciente con Alzheimer y conocen poco o nada de esta enfermedad.
Hoy, en el Día Mundial del Alzheimer, les invitamos a buscar información sobre esta enfermedad que en el Tercer Milenio se presentará en muchos más hogares que hoy día, con toda su rudeza y su carga de sinsabores.
Deseamos que el testimonio de Mirna Heart de Casira, de 52 años, quien desde hace ocho años cuida a su padre de 85 años, ayude a la comunidad a entender, un poco más, el Alzheimer y la mueva a solidarizarse con las personas que lo padecen y con quienes enfrentan cotidianamente las consecuencias de convivir con alguien, muchas veces un ser querido, que, como nos dijo otra persona con un familiar con Alzheimer, "paulatinamente pierde sus facultades mentales y llega a tratarte como a un extraño", precisamente porque sus vacíos mentales le impiden ubicarse temporal y espacialmente y su archivo de recuerdos está revuelto al punto de que a veces desconoce su propia identidad.
En el caso de la Sra. de Casira, su padre, quien es muy cariñoso y chistoso, tiene también crisis depresivas y a veces se comporta como un niño, le dice mamá y que quiere acostarse junto a ella. Antes se le escapaba de la casa ubicada en Parque Lefevre e iba a dar a aquélla donde vivió su infancia, en Avenida B.
COSTOS ELEVADOS
"Precisamente ahora no tengo quien me cuide a papá. Tengo que llevarlo a la oficina. De la oficina he recibido bastante apoyo. Precisamente en los momentos en que uno siente que se desespera. Pero, ahora son demasiado altos los precios en los hogares para ancianos. Uno quisiera encontrar un lugar donde tenga todas las atenciones que se merece y la privacidad necesaria. Los que he visto son demasiado caros. Los más baratos cobran más de 300 balboas mensuales y en una sola habitación colocan a tres personas, el mobiliario está descuidado, el patio necesita limpieza y el personal que atiende no está especializado", dijo nuestra entrevistada. Añadió que hay otros, que cobran más de 600 balboas, pero, "tampoco reúnen las condiciones y hay los que se ven muy bien tanto en cuanto a aseo como en el espacio físico y mobiliario, pero cuestan casi 1,000 balboas mensuales y tampoco tienen un lugar de esparcimiento donde los pacientes puedan ir a tomar un poquito de sol". Los que cuestan más de B/.1,000, explicó, "sí están hermosos, tienen jardín y todo, pero son demasiado caros".
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
"No se puede dejar a un ser querido en manos de cualquiera", opina la Sra. de Casira y es por esto que, sigue cumpliendo con él como hija responsable y amorosa, con todo y que el hacerse cargo del cuidado de su padre le está acarreando problemas en su hogar, puesto que, según nos dijo, tanto su esposo como el resto de su familia se sienten relegados, pese a que ella trata de distribuir su tiempo, atenciones y cariño entre todos/as. "El estaba muy solo en Veracruz hace ocho años. Vimos que se le olvidaban las cosas, hasta las más importantes como tomar sus medicamentos y cobrar su cheque de pensionado. Como no tenía nadie a quien confiar su cuidado, decidí hacerme cargo yo misma de él".
DIFICIL TAREA
"La pensión de papá no alcanza para pagarle un buen lugar donde lo cuiden bien. Si tengo que pagar un especialista para que lo atienda, ya no puedo. Le pago una ambulancia a él y a mi esposo, que es diabético y tiene problemas renales y necesita hacerse diálisis. Hay muchos celos por parte de mi familia, dicen que yo le estoy dando mucha atención a mi papá y a ellos no. Se quejan de que si me invitan al cine, por ejemplo, no voy por estar cuidando a papá. Preguntan que dónde están los demás hijos de papá, que por qué tengo que hacerle frente a esto sola. Estoy muy presionada por eso. ¿Cómo hago si los quiero a todos?. Y si no trabajo, ¿cómo hacemos para vivir?".
Ambos, su padre y su esposo, un hombre de 59 años y también pensionado, necesitan atención. Para una mujer esto es muy duro, porque "estoy agotadísima. Vengo cansada del trabajo y tengo que trabajar acá también. Tampoco puedo esclavizar a mis hijas, ellas tienen que cumplir con sus deberes universitarios, son jóvenes y tienen derecho a querer tiempo y espacio para ellas...". Hay una hermano de la Sra. de Casira que es el único que está pendiente de cómo está su padre. Los otros dos hijos del señor muy rara vez vienen a visitarlo. Tampoco le dan apoyo monetario a la Sra. de Casira porque "consideran que lo que gana mi papá es suficiente".
En zozobra permanente vive nuestra entrevistada, quien no quiso dar mayores detalles al respecto, pero dijo que: "la única sana en esta casa soy yo". Sus dos hijas tienen 20 y 23 años respectivamente y estudian en la universidad. Su hijo es Seminarista en el Seminario Mayor de San José. "Por lo menos hay quien reza por nosotros", dijo.
Ahora su padre está pacífico. Antes quería escaparse de la casa. Ella está al tanto de asearlo, darle sus medicamentos, hacerle sus exámenes del oído, la vista, etc.
Se encuentra en una encrucijada de la que le resulta difícil salir: entre la incomprensión de sus familiares que la presionan por un lado exigiéndole más tiempo y atenciones y el amor a su progenitor. Llorar le hace bien, la libera, pero, otra vez, el día a día de llevar sola esta pesada cruz, que carga con amor, pero que agota física y emocionalmente.
Hacerse cargo de cuidar a un enfermo requiere de paciencia, amor, dedicación y mucha entereza. Hay veces en que la Sra. Mirna se desploma y entonces busca refugio en la oración y en la Asociación de Apoyo a los Familiares de Pacientes con Alzheimer y otras Enfermedades Demenciales,que preside la Prof. Flor de Villamil, que les da apoyo y orientación en los grupos de terapia en que intercambian experiencias y en las charlas que dictan los expertos el 3er. miércoles de cada mes, en su local en la estación Delta de Río Abajo, diagonal a la Iglesia de Piedra.
"La Asociación ha sido mi salvación", dice nuestra interlocutora. "Allí lloramos todos... tenemos problemas parecidos". A los mencionados se suma el de la desesperación porque está a punto de perder la casa que tantos esfuerzos les costó a ella y su esposo. Y, por si fuera poco, su madre de 81años, que vive en el interior, también parece que padece de Alzheimer. "Vive con su pareja, pero, este señor está tan mayor como ella y dice que se hará cargo de ella. Pero, si mamá me necesita me va a encontrar. No la voy a abandonar. Ni a papá. Le doy gracias a Dios porque aunque a veces me desmorone me ayuda a conseguir ayuda con los psicólogos, con la Asociación y lo único que le pido a mis hermanos es que de vez en cuando me den un descanso, que vengan a buscar aunque sea por una tarde o un día a papá para llevarlo a pasear. El es buenecito y se porta bien, ya no se escapa y tiene buen humor".


fecha edicion
old id
68861
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América