En nuestros tiempos se ha popularizado la tendencia de que los padres asistan al parto de sus hijos, acompañando a la madre. Se vive entonces una de las experiencias humanas más hermosas. Durante el parto se experimenta mucha alegría, admiración, alivio y orgullo. Se trata de un momento que sella la intimidad de la relación entre el padre y el hijo.
Diversos investigadores que han estudiado a los mamíferos durante el contacto inicial madre-cría, han demostrado que en los primeros días, y especialmente en las primeras horas, los niños recién nacidos poseen una habilidad mayor y privilegiada para establecer fuertes vinculaciones afectivas con las personas que conocen y tienen cerca.
De aquí surge la idea de que el padre asista al parto de sus hijos y esté junto a ellos en un momento determinante del desarrollo. La experiencia cercana de contacto en las primeras horas favorece una vinculación mejor desde el niño al padre y desde el padre a su hijo. En ese momento se empiezan a conocer y a aceptar mutuamente.
Quienes han investigado, explican que, cuando los padres pasan por esta experiencia, sienten un mayor apego por sus hijos, se sienten más partícipes de sus vidas y desarrollo y creen que hay un lazo mayor con ellos. Estudios a largo plazo muestran una mejor comunicación padre-hijo, una identificación mayor del hijo con su padre y una clara disminución de las situaciones de abandono y maltrato. Además, los padres perciben que con este inicio en la relación, se produce una mayor firmeza del equipo que forman junto a la madre y a los hijos.